Diario, 7 de abril
Hoy ha sido uno de esos días que parecen sacados de una novela, de las que te dejan pensando horas después. Me encontraba en la parada de autobús en el Paseo del Prado, esperando pacientemente ese dichoso autobús que nunca llega. Ya había perdido la esperanza cuando decidí marcharme. Pensé en llamar a un taxi, ya que ningún coche se dignaba parar.
Justo entonces, una berlina negra y carísima frenó a mi lado. Bajó la ventanilla y al volante estaba un hombre con gafas de pasta. No dudé mucho en aceptar el ofrecimiento de llevarme. Mientras subía, le miré con atención y me salió del alma: Se parece tanto a mi primer marido como dos gotas de agua.
El conductor sonrió y se quitó las gafas. Casi me caigo del susto. Vaya, buenas tardes, Lucía. ¿Cómo te va?, dijo él, colocándose las gafas de nuevo.
¿Qué tal? respondí, descolocada. Aunque imagino que no debería preguntar. A la vista está. Vives rodeado de lujos. Seguro que encontraste una mujer rica.
No sabrías adivinar, contestó Daniel.
¿Te casaste con una mujer pobre?, seguí yo mientras la incredulidad me podía. Te equivocas otra vez, replicó él.
¿Adoptaste una huérfana?
Lucía, no tengo esposa. Estoy solo desde que nos separamos.
¿Diez años solo?
Sí.
No puede ser. ¿No tendrás una pareja, aunque sea una relación de hecho?
No.
Entonces haces lo que te da la gana.
Te equivocas. Pero no pienso casarme aún.
¿Por qué no? ¿Eres feliz sin una mujer? ¿Recuerdas nuestras noches juntos?
Lo olvidé todo. No quiero recordarlo. Me sentí libre justo después de dejarte.
¿Insinúas que yo no te dejaba ser feliz?
Permíteme explicarlo sin que te enfades. Te conozco. Sabes cómo era yo.
Dímelo, ya nada me ofende. Todo quedó atrás. Pero dime, ¿por qué no compraste un coche así cuando estabas conmigo? ¿Gastaba demasiado?
Al contrario. Era demasiado ahorradora. Ahora hago algo que tú nunca soportaste. Soy organizador de bodas.
¿Así que dejaste el trabajo y con las bodas pudiste comprarte semejante coche?
Organizo bodas para gente famosa y saco un buen sueldo.
No me lo creo.
Pues créelo.
Cuando estabas conmigo, no ganabas tanto. ¿Por qué?
No empieces de nuevo. Porque no me dejaste crecer en esa dirección. Siempre que tenía que ir a una boda, te ponías celosa. Revisabas mi móvil como si estuviese con cualquiera.
¿Y no podías explicarme que escribías guiones para bodas?
Te molestabas hasta de las novias.
¡Como si no viese cómo te miraban! Pero seguro que te lo estás inventando para hacerme rabiar, dije girándome para no verle.
Créeme o no, Lucía, contestó él mientras detenía el coche, ¿sigues viviendo en el segundo piso?
Sí, respondí. Pero aclárame algo, ¿por qué sigues solo? Me dejaste por otra.
Volvió a quitarse las gafas y me miró fijamente. Cuando terminamos, no había nadie más. Te dejé porque debía hacerlo. Fue la mejor decisión. No vale la pena estar con quien no nos apoya ni valora.
Salí del coche y cerré la puerta de un golpe. Ya en el portal, me pregunté, ¿qué es realmente imprescindible para mí en una relación?







