Sí, soy una mujer fuerte. Intensa. Real. Sin filtros.
Sí, soy una mujer intensa.
Porque no me tiembla el pulso al decir exactamente lo que pienso,
lo que siento, y lo hago con pasión.
Y lo hago con pasión.
Sigo mi instinto. Sigo mi corazón. Nunca me ha importado cómo me veo por fuera; para mí lo que importa es quién soy.
Sigo los latidos de mi corazón.
Jamás me ha importado mi aspecto
lo fundamental es quién soy adentro.
Y soy así, tal como la vida me ha forjado:
con esperanzas, desilusiones, alegrías, cicatrices, momentos altos y bajos.
Sin reservas.
Sin medias verdades.
Sin hipocresías.
Detesto las cosas a medias
conmigo, todo o nada.
A veces puedo ser dulce,
otras, dura como una roca.
Puedo abrazar con todas mis fuerzas
y protegerme aún con más.
Vivo al máximo.
No me limitan los comentarios de los demás.
No finjo personajes.
No me apago solo para encajar o gustar.
Muchos dicen que soy rara, un poco loca, demasiado emocional.
Pero quizás el problema no sea mi intensidad
sino la valentía que otros no tienen
para vivir la vida con todos sus matices,
con todos sus colores.
No todos saben querer lo fuera de lo común.
No todos valoran lo auténtico.
No todo el mundo soporta un amor que se entrega generoso, sin medir, sin miedo.
Yo sí puedo.
Y no querría ser de otra manera.







