El secreto de familia
Desde pequeño, Andrés no soportaba ir a casa de su abuela. Estaba convencido de que no le quería y no entendía por qué sus padres seguían visitándola y, encima, lo llevaban a él.
Esa abuela siempre le lanzaba indirectas sobre que tenía mala sangre y que su madre iba a sufrir mucho por su culpa.
Su madre, por su parte, siempre lo defendía diciendo que eso no era verdad, pero la abuela no la dejaba en paz y seguía atacando cada vez que los veía.
Tampoco tenía compasión con sus padres. Cada vez que iban, era un día arruinado.
Lo que peor llevó fue aquel día en que sus padres lo dejaron sin vigilancia y se enzarzaron en una discusión tremenda en la cocina; él cerró la puerta de una habitación y, mirando a su alrededor, vio un libro bonito, lo cogió creyendo que era un cuento.
Pero en realidad era un álbum fotográfico. Al abrirlo, algunas fotos se le cayeron al suelo y se agachó para recogerlas.
De repente, una foto le llamó mucho la atención: salía su madre abrazada a un hombre que, desde luego, no era su padre. Los dos estaban felices y sonreían despreocupados.
“¿Quién será este?”, pensó Andrés.
En ese instante la abuela entró precipitadamente, vio las fotos en sus manos y se las arrebató mientras le gritaba algo a voces.
Andrés se quedó helado.
Se giró hacia sus padres buscando respuestas. Su padre le dijo:
Andrés, nos vamos a casa. Recoge tus cosas.
Él se encogió de hombros, se acercó a sus padres y todos se marcharon.
¿Crees que Andrés preguntó enseguida por la foto? Para nada. Aunque solo tenía unos ocho años, entendía que era mejor preguntarle a su madre cuando estuvieran solos.
Unos días después, se dio la ocasión, pero su madre se limitó a reír y a decirle que se equivocaba, que esa no era ella en la foto, seguro que era alguna prima de la abuela.
Esa explicación no convenció a Andrés: estaba seguro de que le mintió. Además, la abuela era su madre, así que perfectamente podía tener fotos de la hija en distintas etapas de la vida, incluso esas que nadie quiere que existan. ¿Podía ser? ¡Claro que sí!
Quiso ver la foto nuevamente, pero no volvió a encontrar el álbum, por mucho que lo buscó. Seguramente la abuela lo escondió bien.
Y empezó a pensar que a lo mejor era un secreto de familia. Al menos le gustaba pensarlo así.
Con el tiempo, fue olvidando el álbum y la historia quedó aparcada.
………………….
A Andrés le gustaba mucho Inés. Desde primero de carrera. Recordaba perfectamente la primera vez que la vio. Estaba con sus compañeros en la entrada de la facultad cuando apareció ella, con una amiga. Él la miraba embelesado, ella se acercaba y pasó de largo sin mirarle. Luego, la vio en una de esas clases para todo el curso y casi saltó de alegría. Pero nunca fue capaz de acercarse a hablarle Durante los cuatro años de carrera, no pasaron de saludarse con la cabeza, nada más. ¡Ni siquiera se conocían oficialmente!
Así que esta vez, al verla de nuevo, solo se saludaron de lejos y ella siguió su camino.
Conque era ella la que te gustaba escuchó la voz de Carmen. Carmen era nueva en el grupo ese año, pero enseguida encajó.
¿Y eso lo dices por? Andrés seguía mirando a Inés alejarse.
No me digas que no. No me quitas ojo, ni me miras como la miras a ella. Y esa sonrisilla tonta Carmen se rió.
Andrés la miró y suspiró.
Vale, me pillaste. ¿Y ahora qué?
Nada. ¿Quieres que te la presente y os monto una cita? Seguro que tienes un amor platónico.
¡Ni se te ocurra! saltó Andrés.
¿Tanto miedo te da? Carmen entornó los ojos, divertida. Vaya, no esperaba esto de ti…
¡Que no es miedo!
Bueno, pues se acabó el tema dijo Carmen, encogiéndose de hombros, y siguió con la conversación, mientras Andrés respiraba aliviado.
………………….
Perdona, repíteme, ¿dónde habíamos quedado al final? Andrés recibió una llamada de Carmen: su amigo común había cambiado el sitio de la celebración de su cumpleaños. Espera, apunto el nombre. Dime la dirección ¿Y sabes por qué ha cambiado de sitio tan de repente?
Carmen dijo que no, colgó y Andrés tuvo que buscar el restaurante y cómo llegar.
Vaya tela murmuró. Qué cosas.
Y es que apenas quedaba una hora para la cita y el sitio estaba casi al otro extremo de Madrid. Pero no había más remedio, así que se puso en marcha.
………………….
Para sorpresa de Andrés, en el restaurante solo estaba Carmen.
¿Pero dónde está todo el mundo? preguntó extrañado.
Lo importante es que estoy yo le soltó ella con una sonrisa.
Andrés se sentó frente a ella, esperando una explicación.
¿Y?
¿Y qué? Carmen seguía sonriendo.
Entonces, se acercó a su mesa un hombre, se sentó frente a Andrés y le tendió una tarjeta.
Buenas noches. Me llamo Julio Serrano dijo el hombre.
Andrés contestó, recogiendo la tarjeta y metiéndola en el bolsillo mientras no podía dejar de observarle. Había algo en ese rostro que le resultaba conocido ¿Dónde lo habría visto antes?
Julio sacó una cartera, de la que extrajo una foto, y se la pasó a Andrés.
Al mirar, Andrés vio enseguida que salían abrazados ese hombre, de joven, y su madre, también joven. Por supuesto, recordó dónde había visto esa foto: ¡en el álbum de su abuela!
Ese es mi hermano dijo Julio.
Mi madre no tiene hermanos apuntó Andrés instintivamente.
Eso lo sé. Me refiero a tu madre. Ese de la foto es mi hermano y, por cierto, tu verdadero padre.
¿Cómo? ¡No puede ser!
Lo siento, pero es así respondió Julio, serio.
No, no. Se equivoca. Mi padre es otro.
Oficialmente, sí. Pero la realidad es la que ves.
Andrés miró la foto repetidas veces: ¿se parecía a ese hombre? En absoluto.
¿Por qué me cuenta esto? Y, ¿por qué ha dicho que es una pena al decir que mi padre era su hermano?
No fue con segundas contestó Julio sonriente. Lo dije porque es la realidad.
Andrés negó con la cabeza.
Si eso fuera verdad, mi madre se habría casado con su hermano. Pero no fue así
Tus abuelos no quisieron que se casara con mi hermano, y los padres de él tampoco Ahí tienes la respuesta.
¿Podía haber pasado eso? Andrés se quedó callado.
¿Y a qué viene contármelo ahora? se atrevió a preguntar.
Mi hermano ya falleció. Y creo que tú y tu madre deberíais recibir parte de su herencia. Y hay algo más
¿El qué?
No deberías tener hijos, y somos familia, aunque algo lejana.
¿Por qué no puedo tener hijos? preguntó Andrés, aún más sorprendido.
Mi hermano tenía una enfermedad mental hereditaria. Es muy probable que, si tienes hijos, lo transmitas.
Andrés no sabía qué decir. Siempre había querido casarse y formar una familia, y ahora este desconocido venía a destrozar todos sus planes.
Se giró buscando a Carmen, pero ella ya había desaparecido.
Julio se dio cuenta:
Tu madre no quiere hablar conmigo, por eso recurro a ti.
Lo siento, pero estoy con mi madre. No le creo, no tenemos nada que hablar.
Andrés se levantó y se fue del restaurante.
…………….
Lo primero que hizo fue llamar a Carmen. ¿Sería verdad que ella le había tendido la trampa, fingiendo un cambio de planes? ¿Todo para que él se encontrara solo con Julio? ¡Se lo iba a decir bien claro!
Pero Carmen tenía el móvil apagado…
Después, se fue directamente a casa, pero al ver a su madre no le contó nada, al menos de momento.
………………..
Andrés llevaba un buen rato mirando la taza de té, absorto, como cuando era pequeño. Le encantaba perderse en los detalles, mirar nubes, objetos, lo que fuera.
Recordaba cuando hacía los deberes. Si su madre estaba delante, todo salía perfecto. Pero si se iba, él se distraía con mil cosas. Luego volvía ella y empezaba a regañarle: ¡Pero cómo es posible que sigas sin hacer nada, Andrés! ¿De qué vas a vivir de mayor? Pero bueno, al fin y al cabo, creció, entró en la universidad y aquí estaba.
Andrés, ¿otra vez con la cabeza en las nubes? oyó la voz de su madre y volvió a la realidad.
No, mamá Solo pensaba respondió.
Viendo que estaban solos en la cocina, supo que era el mejor momento para preguntar.
¿En qué pensabas? preguntó ella.
Pues Por ejemplo, en las enfermedades hereditarias
Andrés levantó la mirada y vio que el rostro de su madre cambiaba de expresión.
¿Por qué te interesa eso ahora? quiso saber.
Sacó la tarjeta de Julio y la leyó:
¿Te suena el nombre de Julio Serrano?
De pronto se dio cuenta: ¡ese era el apellido de soltera de la abuela!
Son parientes, ¿no? preguntó.
Vale, ¿y qué pasa? su madre se puso a la defensiva.
Pues Vi una foto tuya con un hombre desconocido, y hace poco me encontré con el hermano de ese hombre, ese tal Julio.
Su madre se encogió de hombros.
¿Y qué? Lo has dicho tú mismo, somos familia. ¿Por qué no iba a salir en una foto con él?
Su hermano ha muerto. ¿Lo sabías?
Su madre palideció.
No
Y me dijo que yo era hijo de su hermano.
Eso no es verdad negó su madre.
Andrés suspiró.
¿Seguro? Yo podría comprobarlo.
¡Adelante! le retó su madre. Me interesa ver cómo lo harás. ¿Vas a hablar con tu padre y soltarle que dudas de que sea tu verdadero padre?
No. Aún no. Primero quiero comprobar el parentesco con Julio.
Su madre reflexionó un momento.
Pero parentesco sí hay. Es familia nuestra por mi lado. Si quieres comprobar, que sea sobre tu padre.
Andrés comprendió que tenía razón.
Aun así, lo voy a hacer dijo con rabia.
Andrés, créeme. Tu padre es tu padre.
¡Quiero estar seguro! Así que se lo contaré todo. Y además, Julio dijo que su hermano tenía una enfermedad mental hereditaria, mamá. Quiero una familia normal, hijos normales, ¡por favor!
………………..
Dos semanas después, en casa de Andrés estaban los tres juntos y Julio. Andrés tenía un sobre cerrado en la mano, con el resultado del test genético.
Los mayores esperaban.
Venga, Andrés, ábrelo ya le animó su padre.
Con los nervios a flor de piel, Andrés rompió el sobre. ¿Y si de verdad su padre no era su padre? ¿Y cómo había convencido su madre para hacer la prueba? ¿Si era negativo, qué haría? ¡No quería que su mundo cambiara!
No le pasó el sobre a su madre. No puedo
Ella lo cogió y se lo dio a Julio.
¿Querías la verdad? Léelo tú mismo.
Julio sacó el papel, leyó y finalmente dijo:
Disculpadme por molestaros Pensaba que habría una rama nueva en la familia, pero no
Andrés soltó un suspiro de alivio: sus padres sí eran sus verdaderos padres. Qué tranquilidad.
………………..
Mamá, ¿cómo es que ese Julio pensó que era hijo de su hermano?
Andrés paseaba por el parque con su madre y se atrevió por fin a preguntarle.
Verás Yo sí salí con su hermano. Estuvimos a punto de casarnos, pero tu abuela se opuso con todas sus fuerzas. Obviamente, yo fui rebelde. Si no hubiera pasado lo que pasó, me habría casado y mi vida sería otra, pero
Su madre suspiró y se detuvo.
¿Qué pasó, mamá?
Me levantó la mano. Y ahí se acabó todo. Huí, me senté en un banco a llorar, y en ese momento apareció tu padre. Y ya conoces la historia. Te lo hemos contado mil veces.
Sí sonrió Andrés. Papá te dijo: Cásate conmigo, y tú aceptaste. Y fuisteis juntos al Registro Civil sin pensar.
Exacto. Pero la familia de Julio creyó que yo ya estaba embarazada y por eso me casé tan deprisa. Incluso tu abuela pensó lo mismo, y como naciste antes de tiempo, pues siguieron creyéndolo toda la vida. Pero no fue así.
………………..
Andrés caminaba por la facultad. Lo curioso es que, tras todo aquello, Carmen desapareció sin más. A veces pensaba que solo entró en su vida para juntarle con Julio Serrano. Decían que era muy rico, y que su hermano también lo había sido. Pero todo eso no tenía ninguna importancia ahora.
Entonces vio que Inés iba justo delante y, sin darse cuenta, aceleró el paso.
Al pasar junto a ella, en vez de hacerle el gesto de siempre, la saludó con una sonrisa:
¡Hola! ¿Qué tal?
¡Hola! Inés le devolvió la sonrisa. Todo bien.
En ese momento, Andrés se dio cuenta de que era una chica normal, como las demás, pero que a él le gustaba mucho.
¿Tienes planes para esta tarde? ¿Nos tomamos algo? se atrevió.
¡Vale! aceptó Inés, sonrojándose.
………………..
Andrés iba feliz. Estaba contento por haber conocido a Julio y, por fin, resolver ese supuesto secreto familiar que al final, ni era tal. Y pensó que, gracias a todo eso, ahora tenía confianza en sí mismo al cien por cien.






