Punto de no retorno
¡Esto no puede ser! ¿Cómo se puede vivir sin agua caliente? escuché a Carmen lamentarse por el pasillo. No llevábamos ni dos días sin agua, y ella ya estaba refunfuñando a cada momento, diciendo que era insoportable. Pero, sinceramente, esto pasa todos los años por estas fechas. Me di la vuelta en la cama, me tapé el oído con la almohada y bostece sin ganas. Apenas cerré los ojos cuando Carmen apareció en nuestro dormitorio, me quitó la almohada de encima y preguntó:
¿Tú no tienes pensado levantarte?
Ya estamos como siempre, pensé.
Carmen, ¿qué pasa? No me levanto porque hoy entro a trabajar al mediodía, ya te lo dije ayer
Pero, Clara, ¿cómo me dejas desayunar sola? gimoteó.
La miré sorprendida.
¡Si fuiste tú la que me dijiste ayer que no hacía falta que madrugara contigo! Pero bueno, vale, te acompaño desayunando.
Carmen no dijo nada, simplemente salió de la habitación, así que no me quedó más remedio que levantarme.
Nos sentamos juntas en la cocina: yo saboreando despacio el café, y ella dedicándome cumplidos y palabras bonitas. Claro, me derretía, pero no podía evitar recordar que fue por su culpa que esa mañana no descansé suficiente, por mucho que tratara de no darle importancia.
Carmen se fue al trabajo y yo volví a tumbarme en la cama, arropada bajo el edredón. ¿Por qué será que cuando salía con Carmen parecía perfecta y ahora, casadas, empiezan a verse sus defectos? El que más me molestaba era ese tono quejica Quizá debimos vivir juntas antes de casarnos, pero yo tenía tantas ganas de boda Aunque, bien pensado, seguro que yo también tengo mis cosas y no las veo. A lo mejor toca resignarse o encontrarle el lado positivo a sus manías. Pero no sabía cómo.
………………..
¡Clara! ¡Ya sé lo que tenemos que comprar!
Casi no crucé el umbral de casa cuando Carmen me lo soltó.
¿Qué necesitamos?
¡Un termo! Un calentador de agua eléctrico.
¿Un termo? Pero si solo nos quitan el agua caliente una vez al año y apenas dura una semana. ¿Para qué?
¡Exacto! ¡Son diez días sin agua caliente! ¡Un suplicio!
A mí, sinceramente, no me parecía para tanto. Lavar los platos con agua fría era incómodo y para ducharse había que calentar agua en la olla. Pero nada grave. Si quería termo, pues termo.
Bueno, de acuerdo, pero si vamos a comprarlo que sea rápido, que en ocho días vuelve el agua.
Sí, sí, claro. Mándame opciones insistió.
Menuda sorpresa. Yo pensaba que íbamos a mirar juntas, pero resulta que era yo quien debía enviar propuestas. Ni modo…
Me puse a investigar marcas y modelos, y le enviaba cada posibilidad a Carmen, pero ninguna le convencía. Así fue pasando la semana, y cuando por fin volvió el agua caliente, todavía sin termo.
Vamos a comprarlo igual, que el año que viene volverá a pasar dijo Carmen, y yo seguía mandando opciones que iban directas a la papelera.
Oye, Clara me propuso mi compañera de trabajo, Teresa, hace poco compramos un termo nuevo para la casa del pueblo con mi marido. Si quieres, te ayudo a elegir uno barato y bueno.
Dicho y hecho, Teresa encontró una oferta, además con un descuentillo especial, pero duraba dos días. Me ganó la impaciencia y lo pedí yo misma.
¿Por qué no me consultaste? ¡Somos familia! protestó Carmen cuando lo supo.
Te pregunté mil veces y nunca me contestaste me defendí.
¡Pues eso, que no es el que quiero!
Luego la rabia se fue suavizando y acabó diciendo:
Bueno, ya que está comprado
Y yo ahí, sintiéndome culpable y frustrada.
Se acabó, no compro nada más…, pensé.
…………………
Carmen, ¿cuánto tiempo va a estar el termo en el pasillo? Siempre me tropiezo con él. Y duele.
Sí, Clara, tranquila. Lo instalaré enseguida prometió, como otras veces.
Suspiré. Sabía que aquello iba para largo. Y así fue: el termo estuvo estorbando hasta el siguiente corte de agua. Al final, harta, llamé a un instalador.
¡Clara, debiste consultarme! ¡Somos una familia! Y han hecho todo mal volvió a enfadarse Carmen. Pero me encogí de hombros.
¿Hay agua caliente? Pues ya está.
Por dentro, pensaba que mejor hubiera sido no comprar el dichoso termo…
………………..
Una tarde estaba en casa de Marta, escuchándola quejarse de su marido: que si esto, que si lo otro, que todo lo tenía que hacer ella sola.
He decidido divorciarme dijo al final.
Pero si tenéis una hija exclamé.
¿Y qué? Total, hago todo sola, sin él sería más fácil.
¿Y el amor? Siempre fuisteis una pareja ideal me entristecí.
Eso era antes. Ahora, mira, ni me ayuda ni nada y encima va contando mis cosas a su madre, que luego me da lecciones No aguanto más.
Marta me miró con cierta envidia:
Ojalá mi marido fuera como el tuyo.
Me quedé boquiabierta. ¡Pensar que Carmen es un modelo! Solo porque nunca andaba contando nada negativo de ella. Preferí no decir nada.
Volviendo a casa, me pregunté: ¿seguía amando a Carmen, o solo era costumbre? ¿Estaría mejor sola?
………………………
¿De dónde sales tan tarde? recriminó Carmen, cada vez más enfurruñada últimamente. ¡No hay cena, y tengo hambre!
Pero empecé, dudando. Íbamos a hablar de que llegaba tarde y que ella misma dijo que cogería algo para cenar, pero preferí callar. Total, siempre acababa poniéndome de mala.
Mientras pelaba patatas, iba pensando que tanta queja gratuita me estaba desgastando. Así, poco a poco, el cariño se va escapando sin darte cuenta, y cuando menos lo esperas, ya ni reconoces a la otra persona.
Me estremecí. No quería llegar ahí. Que les pasara a otras, pero a mí, no.
………………..
Carmen abrió la puerta con su llave y entramos en casa.
¡Por fin estamos en casa! suspiró.
Yo no dije nada. Por un lado, estaba contenta, pero por otro, me habría gustado quedarme más con mis amigas. Con Carmen nunca sabía; a veces le venía bien socializar y otras se molestaba si iba yo sola o si no iba. Por mucho que intentara no enfadarme, acababa agotada.
¿Y qué quería Vítor de ti? preguntó de repente.
Nada, tenía una propuesta que discutir mañana respondí.
¿Y piensas ir?
Sí, es de trabajo.
¿No deberías consultarlo conmigo? ¿No somos pareja?
Le miré incrédula.
Por supuesto, pero mi trabajo es cosa mía. Si tuviera que pedirte permiso para todo
Tenlo claro: yo no pienso irme a ninguna parte.
Vaya sorpresa.
¿De dónde sacas que tendríamos que mudarnos?
Sé que esa propuesta va por ahí.
¿Y a dónde?
Carmen miró esquiva y supe que pensaba en ese lugar al que soñábamos irnos.
Allí donde queríamos mudarnos
¡Pues sería genial!
No. No pienso ir. Y tú tampoco.
Me quedé sin palabras. Pero decidí ver a Vítor.
……………………..
Clara, aquí está mi propuesta. ¿Qué me dices? Vítor me miraba fijo.
¿Por qué no encuentras a otra persona?
Porque confío en ti.
Carmen no quiere mudarse…
Él se paseó de un lado al otro antes de decirme:
No quería decirte esto De veras. Pero deberías replantearte la relación. Te está siendo infiel.
Me quedé fría.
No puede ser La quiero.
Él se encogió de hombros.
Créeme si quieres. Es con tu amiga Marta. Por eso no quiere irse. Tiene el apaño hecho: dos mujeres, cada una pendiente de sus caprichos y ambas buscándose su aprobación.
Salí de la oficina tambaleando y volví a casa.
Allí me senté en el sofá, abrazando mis piernas.
Plin, plin, plin ¿Qué era ese sonido? Fui al baño: el grifo goteaba y lo cerré.
Plin, plin, plin Sentí que era mi amor escapándose al ritmo de esas gotas.
Salí corriendo, me puse lo primero que encontré y, en pocos minutos, estaba ante la puerta de Marta. Nadie respondía, así que llamé y llamé. Al asomarse la vecina, me dijo que no estaba.
Miré el reloj: claro, aún trabajaba, solo yo había salido antes. Entonces se abrieron las puertas del ascensor y allí vi a Marta y Carmen, que al verme callaron en seco.
No dije nada, pero supe que Vítor no había mentido. Carmen intentó hablar, pero solo pude mirar a Marta, que bajó la vista. Sabía que debía irme. Bajé corriendo las escaleras, y salí a la calle, perdiéndome entre la gente.
……………
Así que era cierto, así que era verdad, me retumbaba en la cabeza.
Tantos años moldeando mi vida para acomodarme al deseo de otra persona, poniendo sus prioridades por delante de las mías Todo eso no sirve de nada.
Sentí que mi mundo se caía, pero saqué el móvil y llamé a Vítor.
Acepto tu propuesta logré decir.
Hoy, al escribir esto en mi diario, me doy cuenta de que por mucho que una intente adaptarse a los demás, primero tienes que ser leal a ti misma. Nadie lo va a hacer por ti.







