He decidido que me voy a casar anunció el hijo durante la cena.
El padre soltó una risilla y la madre se quedó con el tenedor en el aire, mirando al chico con los ojos bien abiertos.
¿Cómo que te vas a casar? preguntó ella, confundida ¿Con quién, exactamente?
Es nueva en la clase. Tan guapa, tan lista, tan encantadora… suspiró el muchacho, apoyando la cabeza sobre la mano como si estuviera en la portada de una novela romántica.
De tal manera le había trastocado la vida esa chica, que ya ni comía ni podía concentrarse en nada.
¿Y la niña lo sabe? preguntó el padre, conteniendo la carcajada.
Sí… Hoy se lo he dicho y ella dijo que le da igual, solo que quiere que yo tenga un piso.
¿Pero tienes un piso? la madre estaba entre sorprendida y divertida.
Pues claro que tengo. O sea, nosotros vivimos en un piso. Papá tiene coche y le he prometido que se lo pediré prestado para la boda…
El padre negó con la cabeza, como si quisiera decir que él no había firmado ningún contrato de préstamo de coche y que, ni en sueños, iba a dejar el coche al hijo tan fácilmente.
¿Y ella qué tiene? ¿Es buena candidata? preguntó la madre, ya totalmente integrada en la conversación.
Sí, contestó el chico con entusiasmo. Es simpática y habla muy educadamente.
La madre no pudo aguantar la risa y señaló el plato del hijo.
Al final, ni siquiera estás comiendo, ¿eh?
Déjale, está con la cabeza en las nubes pensando en su futura boda bromeó el padre Pero te prohíbo casarte hasta que me enseñes tus notas de matemáticas y de lengua.
El hijo miró al padre como si le hubiera caído un jarro de agua fría. Se había pasado todo el día pensando en la chica, ni había tocado los deberes, y la dictada de hoy le había salido de pena porque, claro, la chica nueva distraía a toda la clase. Era la más guapa que había visto en su vida. Y no era el único que estaba coladito por ella, así que había puesto toda su energía en conquistarla en vez de estudiar.
¡Venga ya, papá!
Ahora que has terminado de cenar, vete a hacer los deberes. Ni boda, ni piso, ni coche mientras tus notas estén por debajo del cuatro.
El hijo se sintió indignado, pero obedeció y se marchó a su cuarto.
Ay, estos chicos de quinto, suspiró la madre.
No nos hagas hablar… añadió el padre, con un guiño.







