La preparación de una cuñada impertinente

**Diario de un esposo**

Hoy tuve que poner en su sitio a la impertinente hermana de mi mujer.

Mamá dice que el restaurante está confirmado comentó Lucía con tono despreocupado, ignorando la tensión en la voz de Sofía. Y lo del dinero ¿Tú y Luis ya habéis transferido vuestra parte?

Sofía dudó un instante, buscando las palabras, pero Lucía siguió hablando:

No es mucho, la verdad. Hasta pensé en poner algo de mi bolsillo, pero con mis gastos Ya sabes, es para mamá.

Espera la interrumpió Sofía, conteniéndose. No habíamos quedado en eso. Luis no me ha dicho nada.

Ay, ya sabes cómo se le olvidan las cosas Lucía soltó una risita, como si fuera lo más normal. Le dije que os tocarían unos cuarenta mil euros. ¿No es razonable para una ocasión así?

Parecía una decisión tomada y punto. Sofía apretó el teléfono, sintiendo cómo le hervía la sangre.

¿Cuarenta mil? repitió en voz baja, casi un susurro.

Sí, ¡hasta conseguí descuento! Los postres, el servicio Ya verás. Mamá estará encantada. Tranquila, ya pagué la señal. Dijo Luis que vosotros os encargaríais del resto.

Y colgó sin esperar respuesta.

Sofía se quedó quieta, mirando el móvil. Un nudo en la garganta y un sólo pensamiento: *Otra vez lo mismo. Siempre nos toca pagar.*

***

Por la noche, en la cocina, el ambiente estaba tenso. Luis abrió la nevera, sacó una cerveza y, sin mirarla, murmuró:

Lucía me dijo que no quieres poner dinero para el restaurante.

Sofía se quedó helada.

¿Que no quiero? ¿Eso dijo? Se levantó de la silla, conteniendo la voz. ¿Acaso me lo preguntó? Me avisó cuando ya estaba todo decidido.

Luis se giró, frunciendo el ceño.

Venga, no es para ella. Mamá no cumple años todos los días.

¿Y qué tiene de normal que lo paguemos nosotros? ¡Cuarenta mil, Luis! bajó la voz para no despertar al niño. ¿Cuarenta mil euros te parecen normales?

Él se encogió de hombros, mirando al suelo.

Es para mamá. Lucía lo ha organizado todo.

Sofía resopló.

Claro, muy fácil con el dinero ajeno. ¿Y sabes qué, Luis? No entiendo por qué lo aceptas sin más. ¿Lo hemos hablado? No. Ella decide y tú asientes.

Déjalo ya murmuró él, sirviéndose un trago. Solo intenta ayudar.

¿A quién? ¿A nosotros? ¿A mamá? ¿O a sí misma? Sofía subió el tono, pero enseguida lo bajó. Estoy harta, Luis. Para ella siempre es: *”Pagad, transferid, asumid.”* Y luego desaparece como si nada.

Él guardó silencio, mirando su vaso.

¿Qué quieres que haga? Es así. Háblale si tanto te molesta.

Ya lo hice cortó ella. ¿Y sabes lo que me dijo? Que era nuestra obligación.

¿Qué esperabas? Ella se encarga de todo. Quizá tiene más problemas que nosotros.

¿Se encarga? estalló Sofía. Luis, usa a todo el mundo. Y tú la consientes.

La conversación se estancó. Luis se encogió de hombros, murmuró algo inaudible y se marchó, dejándola sola con sus pensamientos.

***

A la mañana siguiente, una llamada inesperada. Sofía contestó sin ganas.

¡Hola, Sofi! ¿No estás ocupada? Lucía sonaba alegre, demasiado alegre.

Dime respondió seca, preparada para lo que viniera.

Mira, necesito un favor. Tengo un proyecto con una vecina, una tienda online, ya sabes El caso es que necesito pagar algo y ando justa. ¿Me dejas tu tarjeta? Solo unos días.

Sofía se paralizó.

Lucía su voz fue firme, ¿en serio? ¿Mi tarjeta?

¡Sí! ¿Qué tiene de malo? Soy cuidadosa. Te lo devuelvo todo.

No. Ni lo pienses.

Un silencio incómodo.

No lo entiendo dijo Lucía, menos segura. Es solo una tarjeta. ¿Por qué te niegas?

Porque mi tranquilidad no tiene precio. Y mi tarjeta, tampoco.

¿No confías en mí? su tono era ofendido, pero fingido. Somos familia.

Sofía respiró hondo.

Se acabó, Lucía. Tengo cosas que hacer.

Colgó, sintiendo alivio y rabia. Lucía cruzaba todos los límites.

Cuando Luis llegó, supo que la conversación sería dura.

Luis empezó calmada, tu hermana ha vuelto a llamar.

Él se descalzó lentamente.

¿Y?

Me pidió mi tarjeta. Para uno de sus proyectos.

Luis se detuvo, sorprendido.

¿Y qué le dijiste?

Que no, claro.

¿Por qué no ayudarla? replicó brusco. Es Lucía.

Sofía suspiró, conteniéndose.

Luis, ¿en tu familia no distinguís entre un favor y un abuso? ¿No puede apañárselas sola?

Sofi, no pidió un millón. Siempre dramatizas.

Ella lo miró, incrédula.

¿Yo? Es ella la que cree que esto puede seguir así.

Luis calló, luego refunfuñó:

Solo necesitaba ayuda.

Sí, y luego desaparece y nosotros nos quedamos con el lío.

Él hizo un gesto de despedida y se marchó al dormitorio.

Sofía se quedó en la mesa, sintiendo algo romperse dentro. Ya no aguantaba más. Lucía no solo se entrometía en sus vidas las destruía.

Toda la tarde pensó en cómo acabar con esto. Un plan tomó forma: tranquilo, racional y definitivo.

***

La semana siguiente, comida familiar en casa de los padres de Luis. Todos estaban allí: abuelos, tíos, primos Y Lucía, como siempre, en el centro, presumiendo de sus *”proyectos”*. Sofía la observaba, impasible.

Luis, a su lado, estaba nervioso, como presintiendo lo peor.

Pues sí decía Lucía, montamos una tienda online con mi vecina. Todo con nuestro esfuerzo, ya sabéis lo difícil que está esto.

Sofía tosió para llamar la atención.

Lucía, ¿por qué no mencionas que en tu proyecto quieres usar el dinero de los demás?

Todos se quedaron en silencio. Lucía tardó en reaccionar.

¿A qué te refieres? su voz era tensa.

Me pediste mi tarjeta para *”gastos temporales”*. Y antes, Luis te prestó para arreglar el coche. Por cierto ¿lo devolviste?

Lucía enrojeció.

Son detalles. ¿Por qué sacarlo ahora?

Sofía no cedió.

No son detalles cuando vives a costa de los demás.

No sé por qué te pones así Lucía forzó una sonrisa. Somos familia.

¿Familia? arqueó una ceja. ¿Familia cuando solo tomas y nunca das?

Nadie hablaba. Luis intentó intervenir, pero Sofía lo calló.

Basta, Luis. Deja de protegerla. Hemos gastado demasiado por su culpa. Que explique por qué quiere mi tarjeta.

Lucía se levantó de un salto, furiosa.

¡Sofi, estás celosa! Yo hago todo por todos, y tú solo piensas en el dinero.

¿Celosa¿Celosa? Sofía esbozó una sonrisa fría Solo estoy harta de que abuses de nuestra buena fe, pero hoy se acabó.

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