Lera vuelve a perder la paz: una historia de inquietud y búsqueda interior

Lera volvió a perder la paz.

Una mañana, la puerta de la acogedora casa de Lera se abrió de golpe, y en el umbral apareció una joven. Alta, esbelta, con ojos expresivos y una mirada desafiante. Lera la reconoció al instante: era Nati, su sobrina pequeña, a quien había dejado en un orfanato años atrás.

¡Tía! dijo con firmeza, cruzando los brazos. Llevo mucho tiempo buscándote. Me dijeron que vivías aquí.

Su voz sonaba segura, pero sus ojos guardaban un frío que traspasaba a Lera. La invitó a entrar, ofreciéndole un café, pero Nati rechazó el gesto, prefiriendo quedarse de pie en medio del salón.

¿Te acuerdas de mí? preguntó directamente, mirando alrededor. Soy Nati. La niña que abandonaste en el orfanato.

Lera asintió en silencio, con el corazón apretado por el remordimiento. Recordó a aquella niña rebelde y nerviosa, difícil de controlar.

¿Por qué lo hiciste? siguió Nati. ¡Era tu familia!

Se acercó, apretando los puños. Lera notó su fragilidad bajo esa actitud dura.

No tuve elección respondió Lera con calma. No podía cuidar de las dos. Alicia me necesitaba más.

Nati frunció el ceño, su rostro reflejando rabia y decepción:

¿O sea que preferiste a mi hermana? ¿Me tiraste como si no valiera nada?

Su voz temblaba. Lera sintió la culpa clavada. Después de tantos años, las consecuencias de su decisión estaban frente a ella.

Quiero dinero dijo Nati con dureza. Para compensar lo que me hiciste.

El conflicto interno de Lera se intensificó. Veía a una mujer fuerte, pero herida.

¿Cuánto? preguntó Lera, conteniendo las lágrimas.

Nati mencionó una cifra que era mucho para los humildes ingresos de Lera. Un silencio denso llenó la habitación antes de que Lera respondiera:

Vale.

Sabía que era culpable, y si el dinero calmaba su conciencia, lo haría. Además, temía por Alicia. ¿Qué podría hacer una hermana resentida?

Todo empezó años atrás, cuando la hermana pequeña de Lera se mezcló con un hombre peligroso. Fue una época de alcohol, malas decisiones y consecuencias inesperadas. De repente, su hermana se quedó embarazada. Nació Alicia, una niña risueña y curiosa que iluminó sus vidas. Lera la cuidaba, la enseñaba a leer, la llevaba al parque… La quería como a una hija.

Pero la vida dio otro giro. Cinco años después, nació Nati. Era todo lo contrario: temperamental, difícil, con rabietas constantes. Su hermana y su marido cayeron en el alcoholismo, perdieron la custodia y las niñas acabaron en un centro.

A Lera le ofrecieron acogerlas, pero con una condición: las dos o ninguna. Su corazón se partió. Quería a Alicia, pero ¿podría soportar el carácter de Nati? Después de pensarlo mucho, eligió a Alicia. Era egoísta, pero necesario.

Alicia creció feliz a su lado. Hasta que Nati apareció en su puerta.

Al principio, Lera sintió alegría al verla. Pero pronto llegaron las dudas: responsabilidades, gastos, emociones revueltas… Nati traía exigencias, rompía su rutina.

Lera volvió a perder la paz.

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Lera vuelve a perder la paz: una historia de inquietud y búsqueda interior
– Pero si somos familia – dijeron mis hermanos y hermanas el día que despedimos a mamá en el cementerio.