Kai le dijo a sus padres que quería presentarles a su novia, se llenaron de alegría.

**Diario de una madre**
Ayer, mi hijo Javier nos dijo que quería presentarnos a su novia. Nos emocionamos mucho. Su padre y yo sabíamos que llegaría el día en que nuestro hijo formaría su propia familia. Al fin y al cabo, ya tiene 25 años, una edad para tomar las cosas en serio.
Javier vivía con nosotros, pero no por ser un niño mimado o por falta de dinero. Estaba ahorrando para comprar su propio piso, sin querer hipotecarse. Lo apoyamos. Vivíamos en un piso amplio en Madrid, con espacio para todos. Además, nunca nos metíamos en su vida. Jamás le pedíamos explicaciones si llegaba tarde.
Él tampoco era exigente. No esperaba que le laváramos la ropa o le cocináramos. Vivíamos cómodamente y ahorrábamos. Y entonces llegó ella: Lucía, la primera chica que decidió presentarnos.
¿Qué preparo para comer? pregunté. ¿Qué le gusta a tu Lucía?
Mamá, no hagas nada especial. Cuida mucho su figura sonrió Javier. No come fritos ni grasas, y tampoco bebe alcohol.
Bueno, eso es admirable contesté. Haré algo ligero.
Lucía nos cayó bien. Lista, educada. Aunque apenas comió, y me molestó un poco que rechazara el postre que preparé. Dijo que el azúcar era veneno y que todos deberíamos pensarlo.
También mencionó, sin mala intención, que los cojines del sofá necesitaban cambio.
La decoración es bonita, pero el gato los ha arañado. No es caro, os puedo pasar el contacto de un tapicero.
Hasta entonces, ni siquiera lo había notado. Los arañazos eran casi invisibles. Nuestro gato, Peluso, de pequeño jugueteó un poco, pero aprendió rápido. Sin embargo, después de que Lucía se fuera, no podía dejar de mirar esos pequeños rasguños.
Pero en general, Lucía era amable y respetuosa. Agradeció nuestra hospitalidad, y mi marido y yo decidimos que sus comentarios venían de buenas intenciones. La alimentación es algo personal.
Pasaron dos meses. Javier nos anunció que quería mudarse con Lucía.
Mamá, papá, la amo y queremos avanzar. Pero el piso que encontramos necesita reformas. ¿Podemos quedarnos aquí un mes mientras las terminan?
Claro, hijo dije, pensando que no sería problema. Lucía nos caía bien.
Pero pronto todo cambió.
Una tarde, al preparar la cena, noté que faltaba el aceite de oliva.
Lucía, ¿has visto el aceite? pregunté.
Lo tiré respondió con una sonrisa. Pensé que sería mejor comer más sano. Además, el olor a frito me da náuseas.
Contuve un suspiro. Mi marido adoraba mis croquetas, y a todos nos gustaban las patatas fritas.
Lucía, nosotros estamos acostumbrados. No te obligo a comerlo, pero tampoco nos cambies a nosotros.
Lo siento, solo quería ayudar dijo, bajando la mirada.
Esa noche, cada vez que freía algo, me sentía culpable.
Pero lo peor vino después. Un día llegué del trabajo y vi que las cortinas del salón habían desaparecido. En su lugar, colgaban unas telas grises y sosas.
¿Dónde están mis cortinas? pregunté.
Eran anticuadas respondió Lucía. Os dejo estas. Ahora hay más luz, ¿no?
No, solo parecía más triste.
Lucía, me gustaban las antiguas. ¿Las tiraste?
No, pero pensé que os gustarían más.
No es mi estilo. Por favor, devuélvelas.
Más tarde, desaparecieron platos de la cocina. Lucía dijo que eran viejos y que nos regalaría un juego nuevo. Incluso llamó a un tapicero para el sofá, eligiendo ella misma la tela.
Estaba furiosa, pero no quise discutir. Sabía que no lo hacía con mala intención.
Lucía le dije, sentándola en el sofá, entiendo que quieras ayudar. Pero pronto os iréis, y esta es nuestra casa. No cambies nada sin preguntar.
Solo quería lo mejor murmuró.
Esa noche, Javier tampoco la defendió.
Lucía, son sus normas. ¿Te gustaría que alguien cambiara tu casa sin avisar?
Si fuera mejor, ¡claro que sí!
“Mejor” es subjetivo.
Lucía dejó de cambiar cosas, pero empezó a “limpiar”. Cada rincón que tocaba venía con un comentario.
Hoy ordené el baño. Parece que nunca lo habíais limpiado. Pero ya está solucionado.
Gracias respondía, contando los días hasta su partida.
Cuando por fin se fueron, respiré aliviada.
Antes de irse, Lucía me abrazó.
Gracias por todo. Ha sido un placer.
Para mí también sonreí.
Al cerrar la puerta, mi marido y yo nos miramos.
Es buena chica dije. Solo muy joven.
La vida la enseñará contestó él. Aunque, la verdad, dejó la casa impecable.
Sí, aunque ahora toca comprar platos nuevos y tu gorra. La tiró pensando que estaba pasada de moda.
Llevo años diciendo que necesitas cambiar tu estilo se rio.
En el fondo, nuestra relación con Lucía siguió siendo buena. Pero desde la distancia. La paz es lo más importante.

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