Mamá, ¿pero qué estás diciendo? ¿Cómo que no tienes con quién hablar? Si te llamo dos veces al día contestó su hija con cansancio.
No, Lucía, hija, no me malinterpretes suspiró doña Natividad Gómez con tristeza. Es que ya no me quedan amigas, ni conocidos de mi edad. Gente de mi época.
Mamá, no digas tonterías. Sigues teniendo a tu amiga de siempre, Carmen. Y además, eres muy moderna y pareces mucho más joven de lo que eres. Venga, mamá, ¿qué te pasa? se inquietó Lucía.
Sabes que Carmen tiene asma, que apenas puede hablar por teléfono porque se pone a toser. Vive lejos, en el otro extremo de Madrid. Nosotras éramos tres amigas inseparables, ¿te conté muchas veces, verdad? Y a Dolores hace años que la perdimos. Ayer vino Teresa, la vecina de al lado. Le invité a un té; es buena mujer, suele pasarse por aquí. Trajo unas napolitanas recién hechas de su casa. Me habló de sus hijos, de sus nietos. Ella también es abuela, aunque me saca quince años. Pero sus recuerdos son distintos, sabe de otro colegio, de otra infancia.
A mí lo que me gustaría es hablar con gente de mi generación, de mi época doña Natividad lo decía sabiendo bien que su hija no lo iba a entender. Era joven aún. Su tiempo todavía estaba en la calle, no había pasado. Lucía era adorable y atenta, no era culpa suya.
Mamá, tengo entradas para el martes para una noche de zarzuela. ¿Recuerdas que querías ir? Y ni se te ocurra venirme con tristezas, ponte el vestido granate, que pareces una reina.
Está bien, Lucía, no te preocupes. No sé, me ha dado por ahí, ya está. Buenas noches, hablamos mañana. Acuéstate pronto, hija, que duermes poco cortó Natividad el tema.
Sí, mamá, hasta mañana, que descanses y Lucía colgó.
Natividad quedó mirando en silencio las luces titilantes de la calle…
Curso de COU, también por primavera. Tantos planes, parecía ayer mismo. A su amiga Carmen le gustaba Javier Salinas, compañero suyo de clase. Y a Javier, la que le gustaba era ella, Nati. Llamaba algunas noches al teléfono fijo, la invitaba a pasear. Pero ella lo quería solo como amigo, no quería hacerle ilusiones.
Después, Javier se fue a la mili. Volvió, se casó. Vivía en el antiguo piso de Carmen. Cuando uno llamaba, era al fijo de casa. El número… Natividad marcó el número que le vino de pronto a la memoria. Sonó lento el tono, hasta que alguien descolgó. Al principio, un rumor, luego, una voz masculina suave:
¿Diga?, le escucho.
¿Será demasiado tarde? ¿Por qué le llamo? ¿Y si ni se acuerda de mí, o ni siquiera es él?
Buenas noches dijo Natividad, ronca de nervios.
Escuchó de nuevo ese murmullo y de pronto, una exclamación sorprendida:
¿Nati? ¿Eres tú? ¡Claro que eres tú! Esa voz no la olvido en mi vida. ¿Cómo me encontraste? Fue una casualidad que cogiera hoy…
¡Javi! ¡Me reconoces! le inundó una ola de recuerdos felices. Nadie la llamaba por su nombre desde hacía años, solo “mamá”, “abuela”, o “doña Natividad”. Bueno, Carmen, a veces.
Pero ese “Nati” sonaba distinto, a primavera, como si los años no hubieran pasado.
Nati, ¿cómo te va la vida? Me alegra tanto escucharte esas palabras la reconfortaron. Temía que no la recordara, o que le molestara.
¿Recuerdas COU? ¿Cuando Vitorín y tú nos llevasteis a Carmen y a mí en la barca por el retiro? Él acabó con las manos hechas polvo de tanto remar y lo ocultaba. Luego comimos helado en la plaza Mayor. Y la música… su voz tenía un punto melancólico.
Claro que lo recuerdo se rió Nati. Y cuando fuimos de acampada y no conseguíamos abrir el bote de fabada, ¡qué hambre pasamos!
¡Ya ves! respondió Javier, contagiándose de la risa. Y Vitorín lo abrió al final. Luego cantábamos alrededor de la hoguera, ¿lo recuerdas? Por aquello me decidí a aprender guitarra.
¿Y cómo, sabes tocar ya? su voz rejuvenecía con los recuerdos. Javier traía de vuelta mil instantes olvidados.
Y tú, ¿qué tal? preguntó, aunque respondió enseguida. En tu voz se te nota feliz. ¿Hijos, nietos? ¿Y sigues escribiendo poemas? ¡Claro! Aquel tuyo, “Disolverme en la noche y nacer al alba”… ¡Tan vital!
Siempre fuiste un sol; estar a tu lado era un abrigo para el alma. Tus sobrinos, tus hijos, qué suerte con una madre y una abuela así, un tesoro.
Venga, Javi, ¡qué exagerado! Mi tiempo pasó ya, yo…
La interrumpió:
¡Qué va! Todavía transmites una energía se me calienta el móvil de la que me das; es broma. No me creo que hayas perdido el pulso por la vida. Si no, no sonarías así. Venga, Nati, disfruta, que la vida sigue.
El sol brilla para ti.
Y el viento mueve las nubes para ti.
¡Y los pájaros cantan para ti!
Javi, sigues siendo un romántico. Pero cuéntame de ti; sólo hablo de mí pero el teléfono chirrió, un clic, y la llamada se cortó.
Natividad se quedó con el aparato en la mano. Pensó en volver a llamar, pero era tarde y le pareció mal. Otro día.
Qué bien habían hablado; cuántos recuerdos… El timbre sonó de repente y la sobresaltó. Era su nieta.
Sí, Carmen, hola cielo, no, no dormía. ¿Qué dice tu madre? Estoy bien, corazón. Mañana nos vamos al concierto las dos. ¿Vienes a verme mañana? Perfecto, te espero.
De tan buen humor se acostó Natividad. Tenía la cabeza llena de planes. Y, antes de dormirse, improvisaba versos nuevos.
Por la mañana, decidió ir a ver a Carmen. Unos pocos paradas de tranvía, pensó, que no era tan mayor.
Carmen se alegró muchísimo:
Ya era hora, tanto prometerlo. ¡Anda, has traído una tarta de albaricoque, mi favorita! Cuenta, cuenta Carmen tosió un poco, pero enseguida hizo un gesto restándole importancia. Mejor con el inhalador nuevo. Vamos, será por té. Nati, estás rejuvenecida. Algo te pasa.
No sé, será mi quinta juventud dijo partiendo tarta. ¡Ayer llamé por azar a Javi Salinas! ¿Te acuerdas, tu amor platónico? Me sacó mil recuerdos ¿Qué te pasa, Carmen? ¿Otra vez con el asma?
Carmen quedó helada, pálida, sin contestar, hasta que murmuró:
Nati, ¿no sabías que Javier falleció hace un año? Y vivía en otro barrio; se mudó hace mucho de ese piso.
¿En serio? ¿Cómo puede ser? ¡Si hablamos, y recordaba todo! Yo me sentía fatal antes, pero después de hablarle, sentí que la vida sigue, que aún tengo ganas y fuerza
¿Cómo puede ser?, dudó Nati. ¡Era su voz, estoy segura! Me dijo: “El sol brilla para ti. El viento mueve las nubes para ti. Y los pájaros cantan para ti…”
Carmen negó con la cabeza, sin creérselo del todo. Al fin apuntó:
Nati, no sé cómo ha pasado, pero parecía él. Por sus palabras, su forma de hablar. Javi te quiso de verdad. Quizá ha querido animarte desde donde esté. Yo hacía tiempo que no te veía tan contenta, tan llena de vida.
Algún día alguien recogerá los pedazos de tu corazón gastado. Y entonces, recordarás que eres simplemente feliz.







