Le miento a mi hijo cuando hablamos de comer bien y de tomar las pastillas, porque, en realidad, no me queda otra.
Sé que no soy el único padre que engaña a su único hijo, que ya tiene su propia familia una esposa y tres niños, fingiendo que llevo una buena vida. En verdad, apenas llego a fin de mes. Hoy en día, a los hijos ya no les preocupan sus padres, y los padres tampoco quieren ser una carga para ellos.
Mi hijo jamás me ha preguntado cuánto cobro de pensión. Cuando vivía con mi esposa, pagábamos el alquiler con una pensión y con la otra íbamos tirando, pero ahora yo solo tengo que elegir entre pagar la luz y el agua o ir a comprar algo de comida. Sobrevivo a base de pan y galletas, y mis únicas preocupaciones, más allá de eso, son los precios en Mercadona, que suben casi cada semana.
A mi edad, tengo recetas para todo tipo de pastillas, pero no me las puedo permitir; o las ahorro tomando solo cuando el dolor ya es insoportable, y no todos los días como me recomienda el médico. A pesar de todo, me da vergüenza pedirle dinero a mi hijo. Sé de sobra que tampoco lo tiene fácil.
Mi nuera está en casa con el pequeño, el tercero, mientras los dos mayores van al cole, que siempre requiere gastos, y mantener a una familia de cinco es bastante más complicado e importante que lo mío.
Lo único que me preocupa de verdad son las deudas del piso, que terminará heredando mi hijo. De eso, él todavía no sabe nada…







