Su marido no volvió solo a casa hace un año. Le acompañaba María, una niña de siete años.
Un día quedé para tomar un café con una compañera de mis años de universidad. Hacía cinco años que no nos veíamos, así que teníamos muchas historias que contarnos. Mercedes me habló de las novedades familiares, pero la noticia más sorprendente fue la presencia constante en su hogar de la hija de su marido.
Al principio no comprendía de qué me hablaba, pero cuando Mercedes describió la situación con detalle, no supe ni qué decir y me quedé callado, escuchando atentamente a mi amiga.
Su marido, hace aproximadamente un año, no regresó a casa solo. Venía acompañado de María, una niña de siete años, rubia y encantadora, que acababa de comenzar Primaria. Su esposo la presentó ante Alejandro y Victoria, sus hijos adolescentes, diciéndoles que era su hermana pequeña. Los jóvenes enseguida captaron que si no aceptaban a María en el grupo familiar, perderían los euros que su padre les entregaba generosamente cada vez que se lo pedían.
Así que Alejandro, que tiene dieciséis años, y Victoria, que cuenta catorce, recibieron a su nueva hermana con cortesía, prestándole toda la atención necesaria. Desde luego, la niña no tenía culpa de nada; María era simplemente una pieza más en el complicado tablero de las relaciones adultas.
Mercedes al principio no aceptó de buen grado a la invitada, pero después del ultimátum de su marido, acabó pasando el fin de semana con María, mientras su esposo se relajaba con la madre de la pequeña (su amante).
Sin esconder mi perplejidad, le pregunté cómo soportaba aquello, pero me respondió con una lógica completamente práctica: ¿Y por qué no? Cuando ya tienes los hijos criados, lo tienes todo, y vives a tu manera ¿Voy a arriesgar mi bienestar porque mi marido sale con otra? Ni imagina lo tranquila que estoy cuando él no está.
Quizá no lo entienda, pero convivir en una familia donde el marido trae a su hija con la amante y chantajea a todos con el dinero me parece algo profundamente inmoral. Es mi opinión personal; no condeno a Mercedes porque nunca me he visto en semejante situación. En la vida puede suceder cualquier cosa; entiendo que alguien pueda tener alguna aventura o desliz, y que después valore lo que significa realmente la familia. Pero una permisividad total con los vínculos me resulta inaceptable.






