Author: Estrella Efreno
Crisanta, una niña de cuatro años, había descubierto al nuevo vecino que hacía unos días apareció en
¿Sabes, Begoña? Para lucir así, con esas cadenas de oro, me levanto cada día a las cinco de la mañana
¡Hija, no te hagas ideas equivocadas! No soy un vagabundo. Me llamo Miguel García. He venido a ver a mi hija.
Papá, ¿has adoptado un gato? se sorprendió la hija Luz, que había llegado el fin de semana.
Carmen se queda inmóvil. El corazón le late con fuerza. Continúa caminando y se percata de que faltan
¡No los invites, hombre! ¿Me oyes? ¡Ni bajo ningún pretexto! Es tu cumpleaños, Esteban. Cincuenta años
¿Para qué le sirve a la madre una vivienda de dos habitaciones? Ya tiene sesenta y cinco años.
En aquel pueblito enclavado al límite de la geografía, como la última mota de polvo sobre el mapa, el
Carmen avanzó lentamente sobre el césped perfectamente recortado, como si acabara de entrar en un escenario.
**Diario de Concepción** Qué inoportuno resulta ese aniversario, murmuré mientras tomaba mi taza de café.









