En nuestra familia hay cinco pisos, pero nosotros tenemos que alquilar: la historia de cómo nuestros padres prefieren invertir y viajar antes que ayudarnos a tener nuestro propio hogar

Querido diario:

A veces siento que estoy tan acostumbrada a nuestra situación que ya nada logra sorprenderme. Voy a explicar cómo es posible que haya cinco pisos en nuestra familia y, sin embargo, mi marido y yo tengamos que seguir alquilando.

Los padres de mi marido, don Enrique y doña Pilar, tienen su propio piso y, además, poseen otros dos repartidos por distintos barrios de la ciudad. Los alquilan, claro. Siempre nos repiten con una sonrisa que su patrimonio lo consiguieron trabajando duro, así que esperan lo mismo de nosotros. No acaban de comprender que antes, durante otros tiempos, el Estado podía otorgarte un piso, o era posible recibir uno por trabajar en una empresa grande, como una fábrica. Ahora ahorrar lo suficiente para comprar un piso mientras pagas alquiler cada mes se antoja casi imposible.

Mis padres, sinceramente, tampoco son muy distintos a mis suegros. Cuando falleció mi abuela, me dejó su piso en herencia, pero yo era menor de edad entonces. Así que mis padres decidieron alquilarlo hasta que cumpliera los dieciocho. Ahora que ya soy adulta, parece que les ha encantado el recibir la renta puntualmente cada mes y no me permiten mudarme allí.

Llevamos ya varios años mi marido y yo alquilando un pequeño estudio, de una sola habitación. Casi todo lo que ganamos se nos va en el alquiler. Hubo épocas en las que apenas teníamos para el pan y la leche. Ahora estoy de baja maternal. Mi sueldo nunca ha sido gran cosa, pero antes del bebé conseguíamos apañarnos como podíamos. Mi marido, Alejandro, trabaja como puede, haciendo todo lo posible en dos empleos a la vez. Pero hoy en día es difícil ganar bien sin estudios universitarios, y él no tuvo oportunidad de estudiar; se alistó nada más terminar el instituto, y luego nos conocimos… Ya no hubo tiempo para más formación.

Lo más desesperante es que mi madre, cada pocas semanas, me pide ayuda para elegir ropa nueva: un vestido, una blusa… Y yo me muero de vergüenza porque ni siquiera tengo dinero para vitaminas ni fruta fresca. Además, nos recuerda constantemente que hemos de ser independientes económicamente, y cree que deberíamos ayudarla, a ella y a mi padre, porque según dice, quieren recorrer el mundo y conocer otros países.

Por supuesto, estoy harta de la actitud de nuestros padres, tanto los de Alejandro como los míos. Lo tienen todo, y hasta más, pero no piensan ayudar a sus propios hijos. Entiendo que no deban hacerlo sacrificando su bienestar, pero si tienen posibilidades, ¿por qué no tendernos la mano? No alcanzo a comprender esa manera de tratar a los hijos. Por eso sé que, cuando tenga oportunidad y mis hijos me necesiten, yo se lo daré todo y más.

Nuestros amigos nos dicen que, cuando llegue el momento, heredaremos mucho. Pero honestamente, estoy tan herida y decepcionada que ya no quiero nada de ellos. Que se lleven sus pisos allá donde vayan cuando llegue su hora.

Rate article
Add a comment

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

19 + nineteen =

En nuestra familia hay cinco pisos, pero nosotros tenemos que alquilar: la historia de cómo nuestros padres prefieren invertir y viajar antes que ayudarnos a tener nuestro propio hogar
Cucarachas