Durante meses pensé que mi marido cumplía con sus obligaciones con las tres hijas que tuvo en su primer matrimonio. Siempre que le preguntaba por ellas, me decía tranquilo que todo estaba bien y que les enviaba la pensión puntualmente. Pero, te juro, algo dentro de mí no me dejaba tranquila. Era esa intuición que no puedes quitarte de encima.
Un martes por la mañana, mientras él estaba en la oficina, cogí la dirección que encontré en unos viejos papeles del divorcio y crucé Madrid de punta a punta. El barrio no tenía nada que ver con el nuestro. Bloques antiguos, fachadas desconchadas, todo desprendía ese aire de apuro. Incluso antes de bajar del coche sentí un nudo en el estómago y supe que algo no cuadraba.
Llamé al timbre y me abrió una mujer con cara cansadasu exmujer, la madre de las niñas.
¿Sí? me miró de arriba abajo, desconfiando.
Hola, soy la esposa de tu exmarido. Tenemos que hablar le solté, directa porque sentía que no había tiempo que perder.
Durante un momento vi que le cambiaba la cara, luego suspiró resignada y me dejó pasar. El piso estaba ordenado pero escaso de todo. Apenas muebles, todo muy justito. Se notaba que iban tirando como podían, sin lujos de ningún tipo.
¿Qué quieres? me preguntó con los brazos cruzados.
Quiero la verdad. Él me asegura que os manda dinero cada mes, pero necesito oírlo de ti.
Ella se rió, amarga, casi sin fuerzas.
¿Dinero? No hemos visto ni un euro desde hace más de un año. Tiramos como podemos con mi trabajo de limpiadora y lo poquito que puede darnos mi madre. Nos dejó completamente de lado.
Te juro que sentí que se me caía el suelo bajo los pies. En ese momento entró una niña de unos siete años. Tenía la cara apagada, el pelo revuelto, y llevaba puesta una camiseta con los puños gastados y algún que otro agujero.
Mamá, tengo hambre murmuró.
Se me llenaron los ojos de lágrimas. Yo viviendo cómoda, en una casa enorme, derrochando en tonterías, y estas niñas midiendo las monedas para comprar una barra de pan.
¿Dónde están las otras dos? pregunté bajito.
En el colegio. Llegan en una horita más o menos.
Vale respondí, armándome de determinación. Ve a recogerlas. Nos vamos todas de compras.
¿Cómo? No No puedo aceptarlo
No te estoy preguntando la corté con voz firme pero tranquila. No es caridad, es lo que les correspondía desde hace mucho.
Fuimos juntas al centro comercial más cercano. Les compré ropa, zapatos, abrigos y material escolar a las tres niñas y, cuando vi cómo se les iluminaba la cara solo por estrenar un chándal nuevo, te prometo que me partió el alma y, al mismo tiempo, me sanó un poco. A su madre también le cogí algunas cosas básicas; ropa, productos para el pelo, pequeñas cosas que te devuelven un poco de dignidad.
No sé cómo darte las gracias me susurró llorando.
No me des las gracias. Esto solo es el principio.
Esa noche, al volver a casa, él estaba tan tranquilo viendo la tele, como si no hubiera tres hijas suyas contando céntimos para cenar.
¿Dónde has estado? me preguntó sin apartar los ojos de la pantalla.
Conociendo a tus hijas. Esas a las que dices que mantienes.
Se puso blanco y se levantó de golpe.
Puedo explicarlo
No quiero explicaciones le corté, sintiendo cómo se me iba helando la sangre. Quiero que recojas tus cosas. Ahora mismo.
¿Cómo? ¡Esta es mi casa!
No. Esta casa está a MI nombre. Comprada con MI herencia. Y quiero que te vayas. Hoy.
Por favor, déjame explicarme
Te he dicho que recojas tus cosas. Si no lo haces tú, lo haré yo.
Subí al dormitorio, cogí sus maletas y empecé a llenárselas con su ropa. Él iba detrás, suplicando, pero mi decisión ya era firme. Cuando terminé, bajé todo a la puerta del portal y lo dejé ahí fuera.
Mañana hablaré con un abogado le dije desde la puerta. Y te aseguro que, si hace falta, yo misma cubriré cada euro de pensión que les debes.
Se quedó ahí, rodeado de sus cosas, pequeño, desorientado.
Cerré la puerta y me apoyé contra ella, temblando como una hoja. Ha sido, sin exagerar, la decisión más dura y más fácil a la vez que he tomado en mi vida.
¿Crees que hice bien en echarle al momento? ¿O debería haberle dejado explicarse?






