Mientras mis amigos compran pisos y gastan dinero en reformas, mi novia se ha pulido todos nuestros ahorros intentando hacernos más ricos. Todos tienen una esposa encantadora y yo he acabado con una inútil. Ella presumía ante todos diciendo que tras la boda compraríamos un piso sin problema porque los invitados nos darían dinero y la familia ayudaría, pero en realidad sus padres dijeron que, como ella tuvo la idea de casarse con un “agente inmobiliario sin futuro” con veinte años y sin estudios, nosotros veríamos qué hacíamos con el piso. Se rieron literalmente de nuestra situación, y yo tuve que llevar a mi mujer a casa de mis padres. Asuntos familiares. Mi hermano ya vive allí con su novia embarazada y estamos todos apretados. Mis padres dejaron caer que estaría bien que buscáramos, al menos, un piso de alquiler, pero decidí ahorrar para pedir un préstamo y comprar uno más adelante. Mi mujer estaba al tanto de mis planes, decía que quería mudarse cuanto antes y, ¿qué hizo al final? Invirtió todos nuestros ahorros en acciones. ¿Para qué? Para multiplicar nuestro dinero. A mi madre casi le da un infarto cuando se lo conté. A mí se me parte el alma porque las acciones han bajado y necesitamos tiempo para venderlas. Así que o perdemos parte del dinero o asumimos el riesgo y esperamos –y rezamos– que suban algún día. Y ahí estamos: todos mis amigos con familia y pisos, y nosotros… ¡con acciones! Ahora mi mujer llora, arrepentida porque la engañaron: incluso pagó a esa gente para que le “enseñaran” dónde invertir. Y yo, sinceramente, solo puedo pensar en el divorcio. Mi amor no es tan grande si no puedo olvidarme de esta situación, y solo tengo en la cabeza los años de trabajo y ahorro tirados a la basura. Viéndolo bien, nuestro matrimonio empezó mal y esta situación demuestra que siempre estoy en una mala racha porque me casé con una chica boba.

Recuerdo aquellos años pasados cuando mis amigos empezaron a comprarse pisos y a gastar sus ahorros reformándolos, mientras que mi mujer malgastaba todo lo poco que teníamos intentando hacer crecer nuestra fortuna.

Todos parecen haber encontrado esposas inteligentes y sensatas, menos yo, que acabé casado con una insensata.

Ella iba por ahí presumiendo ante todo el mundo, asegurando que después de la boda compraríamos un piso sin problemas gracias al dinero de los invitados y al apoyo de la familia. Pero la verdad era bien diferente: sus padres pensaban que, como ella había decidido casarse a los veinte años con un agente inmobiliario sin estudios ni porvenir, debíamos arreglárnoslas como pudiéramos con el piso. Se rieron abierta y cruelmente de nuestra situación. Al final, me vi obligado a llevar a mi mujer a vivir a casa de mis padres.

La situación era aún más difícil, pues mi hermano vivía ya allí con su novia embarazada, y la casa estaba abarrotada. Mis padres dejaban caer de vez en cuando que sería mejor que nos mudásemos, aunque fuera a un alquiler, pero yo decidí ahorrar todo lo posible para poder pedir un préstamo y comprar una casa algún día. Mi mujer estaba al tanto de mis planes y siempre decía que tenía unas ganas enormes de mudarse, pero lo que hizo fue muy distinto a lo que imaginábamos: invirtió todos nuestros ahorros en acciones.

¿Para qué? Para multiplicar nuestras economías, decía.

Aún recuerdo la cara de mi madre, a punto de desmayarse cuando se enteró. A mí se me partía el alma, porque las acciones iban bajando de valor y no se podían vender sin perder dinero; había que esperar, arriesgarse y confiar en que algún día crecerían. Y así estábamos: todos mis amigos con sus familias y viviendas, y nosotros… con unas cuantas acciones.

Mi mujer lloraba arrepentida por haber caído en las trampas de quienes le prometieron enseñarle a invertir, gente que además le cobró por ello. Y yo, por mi parte, no podía dejar de pensar en el divorcio. Cuando el amor no es capaz de superar situaciones como ésta, y lo único que ocupa mi mente es la cantidad de euros que durante años había trabajado y ahorrado y que ahora desaparecían como agua entre los dedos, uno se da cuenta de que algo no va bien.

Si lo pienso ahora, nuestro matrimonio empezó torcido desde el principio. Esta situación solo confirma que llevo años inmerso en una mala racha interminable, todo por haberme casado con una chica que no supo estar a la altura.

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Mientras mis amigos compran pisos y gastan dinero en reformas, mi novia se ha pulido todos nuestros ahorros intentando hacernos más ricos. Todos tienen una esposa encantadora y yo he acabado con una inútil. Ella presumía ante todos diciendo que tras la boda compraríamos un piso sin problema porque los invitados nos darían dinero y la familia ayudaría, pero en realidad sus padres dijeron que, como ella tuvo la idea de casarse con un “agente inmobiliario sin futuro” con veinte años y sin estudios, nosotros veríamos qué hacíamos con el piso. Se rieron literalmente de nuestra situación, y yo tuve que llevar a mi mujer a casa de mis padres. Asuntos familiares. Mi hermano ya vive allí con su novia embarazada y estamos todos apretados. Mis padres dejaron caer que estaría bien que buscáramos, al menos, un piso de alquiler, pero decidí ahorrar para pedir un préstamo y comprar uno más adelante. Mi mujer estaba al tanto de mis planes, decía que quería mudarse cuanto antes y, ¿qué hizo al final? Invirtió todos nuestros ahorros en acciones. ¿Para qué? Para multiplicar nuestro dinero. A mi madre casi le da un infarto cuando se lo conté. A mí se me parte el alma porque las acciones han bajado y necesitamos tiempo para venderlas. Así que o perdemos parte del dinero o asumimos el riesgo y esperamos –y rezamos– que suban algún día. Y ahí estamos: todos mis amigos con familia y pisos, y nosotros… ¡con acciones! Ahora mi mujer llora, arrepentida porque la engañaron: incluso pagó a esa gente para que le “enseñaran” dónde invertir. Y yo, sinceramente, solo puedo pensar en el divorcio. Mi amor no es tan grande si no puedo olvidarme de esta situación, y solo tengo en la cabeza los años de trabajo y ahorro tirados a la basura. Viéndolo bien, nuestro matrimonio empezó mal y esta situación demuestra que siempre estoy en una mala racha porque me casé con una chica boba.
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