La parte más difícil de hacerse mayor… es ver cómo tu madre envejece.
¡Y anda que no protestamos por ella de vez en cuando!
Que si habla demasiado, que si mete las narices donde no la llaman, que si pide más de la cuenta.
Siempre está ahí, pendiente de absolutamente todo, preocupándose por cosas que a nosotros nos parecen minucias.
Pero el corazón de una madre nunca descansa: vigila a sus hijos incluso cuando parecen ya tan mayores y hechos y derechos.
Quiere tanto, pero tanto, que a veces confunde el amor con la obligación de aguantarlo todo.
Aguanta gritos, malhumores, desplantes
Y aun así, no duda en defender a quienes más la hieren.
Hay madres que callan por cariño, que esconden penas que les rompen el alma.
Mientras todo el mundo sigue con su vida, ella va envejeciendo en silencio con ese corazón tan cargado de problemas ajenos.
Pero cuando ella ya no está
Es cuando llegan los ramos más caros de flores.
Se contrata la mejor orquesta.
Y aparecen esas lágrimas que ya nadie sabe cómo secar.
Entonces, nos preguntamos
¿Por qué esperamos hasta el último momento para darlo todo?
¿Por qué no la valoramos mientras está aún aquí, a nuestro lado?
No esperes a que tu madre falte para darte cuenta de que te entregó toda su vida.
Quiérela hoy.
Escúchala hoy.
Abrázala hoy.
Porque sí, hacerse mayor duele pero ver cómo tu madre envejece sin amor duele mucho más.







