Trabajé durante siete años en la misma empresa: empecé como asistente y llegué a ser coordinador del departamento de administración

Hoy he sentido la necesidad de escribir en mi diario porque aún me cuesta asimilar todo lo que me está ocurriendo.
Llevo siete años trabajando en la misma empresa en Madrid.
Empecé como auxiliar y con esfuerzo llegué a ser coordinadora del departamento de administración.
Dos años después de mi llegada recomendé a mi mejor amiga, Beatriz, para que entrara a trabajar con nosotros.
Le enseñé todo sobre los procedimientos, le expliqué cómo funcionaba el sistema interno, le di mis contactos y hasta cubrí sus errores al principio para que no la despidieran.
Comíamos juntas, salíamos los viernes por la noche y confiaba en ella como no lo he hecho en nadie más.
Hace medio año anunciaron que se abría un puesto de dirección en mi área.
Mi jefe me aseguró que era una de las candidatas más fuertes para el puesto.
Así que empecé a llegar antes, a irme más tarde, asumiendo responsabilidades extra.
Beatriz no paraba de repetirme: Ese puesto es tuyo, te lo mereces, Lucía. Le contaba cada detalle, incluso mis planes para la entrevista interna.
El día de la entrevista, para mi sorpresa, ella también apareció.
No me había dicho nada.
Me enteré cuando la vi esperando delante del despacho del director general.
Me miró y solo dijo: He decidido intentarlo. Quise pensar bien, no adelantarme a nada negativo.
Una semana después comunicaron el resultado: la elegida fue Beatriz.
Recuerdo quedarme sentada en mi mesa mirando la pantalla del ordenador en blanco, sin saber cómo reaccionar.
Desde entonces todo empezó a cambiar.
Como nueva jefa, Beatriz comenzó a modificar procesos que yo había implantado.
Me apartó de algunas tareas, empezó a exigirme informes sin sentido.
Un compañero me contó que ella iba diciendo que yo no tenía capacidad de liderazgo y que muchas ideas que presentaba como suyas, en realidad se las había contado yo.
Un día la invité a tomar un café y se lo pregunté directamente: ¿Por qué has dicho eso sobre mí? Su respuesta fue fría: Esto es trabajo, no amistad.
Tenía que asegurarme el puesto. Le recordé todo lo que había hecho por ella y simplemente me contestó: Eso fue decisión tuya.
Yo nunca te obligué.
Desde aquel día el ambiente se ha vuelto insoportable.
Me habla con distancia, me corrige delante de los demás y me encarga tareas absurdas.
Llego a casa llorando, con ansiedad y las ganas de irme.
Pero a la vez me duele marcharme sin decir nada, dejar atrás todo lo que he logrado.
Ahora mismo estoy en una encrucijada: aguantar y quedarme callada para no quedarme sin trabajo, o marcharme para empezar de nuevo en otro sitio.
¿Vosotros qué haríais?
¿Os quedaríais o daríais el paso de iros?

Rate article
Add a comment

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

4 × five =

Trabajé durante siete años en la misma empresa: empecé como asistente y llegué a ser coordinador del departamento de administración
Los felices siempre sonríen