Casarme con Sara fue una pesadilla hecha realidad: era exigente, ruidosa, pero mi padre la eligió pa…

El matrimonio con Lucía fue, para mí, una pesadilla en vida. Ella era exigente, ruidosa, pero fue mi padre quien la eligió para mí. Había observado a la hija de su compañero de toda la vida y decidió que seríamos la pareja perfecta. Como no tenía ninguna otra novia y ya había cumplido los treinta años, no tenía otra opción más que casarme. Lucía controlaba absolutamente todo en nuestro matrimonio: todo debía hacerse según sus planes y deseos. Tal y como ella lo dispuso, nació primero nuestro hijo, y después llegó la segunda.

La vida seguía su curso, marcada por la precariedad y las decepciones. Hubo muchos momentos amargos que convirtieron nuestra existencia en un verdadero infierno. Llegué a odiar a mi esposa, a mis hijos, y además tuve una fuerte discusión con mi suegro. No creía posible que pudiera superar todo aquello sin terminar en divorcio.

Mi madre siempre estuvo a mi lado, pero tanto ella como mi padre me aconsejaban que esperara con paciencia. Parecía como si supieran algo, después de tantos años vividos, y estuvieran seguros de que yo también finalmente comprendería la verdad, cuando fuese mayor.

Y así, los hijos crecieron y se marcharon de casa. Yo sigo ahora con Lucía; nos hemos acostumbrado el uno al otro, nos entendemos y ahora no puedo imaginar mi vida sin ella. En lo económico, más o menos hemos conseguido una cierta estabilidad. Por fin disfrutamos de una tranquilidad serena, de esa felicidad sencilla que convierte la vida en algo parecido a un cuento. Ambos gozamos de buena salud, no nos falta de nada, nos queremos y ya no tenemos preocupaciones importantes. Todo marcha realmente bien. Hace ya tiempo que no tenemos ningún motivo para quejarnos.

Nos ha costado muchos años llegar hasta aquí, pero a veces me pregunto ¿de verdad la gente siente la felicidad cuando está ocupada con el trabajo, los hijos y las mil cosas de cada día? ¿O quizá, como me pasa a mí, esa paz solo llega con la edad, cuando ya no queda ningún sitio al que escapar ni razones para hacerlo?

Rate article
Add a comment

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

9 − four =

Casarme con Sara fue una pesadilla hecha realidad: era exigente, ruidosa, pero mi padre la eligió pa…
Mi Marido Llegó a la Cena Familiar con su Amante Embarazada — Pero Jamás Esperó los Documentos que Tenía Preparados para Él