Diario de Tomás
Mi amigo Javier siempre solía recoger a mi hija del colegio. Nos conocemos desde que éramos niños, siempre hemos vivido en el mismo barrio de Salamanca, y formamos nuestras familias casi al mismo tiempo. Mi hija Lucía es solo un año mayor que su hijo Mateo. Como los dos trabajamos muchas horas, normalmente eran nuestras esposas, Marta y Beatriz, quienes se encargaban de llevar y traer a los niños del colegio. Hace unos meses, los padres de Javier le regalaron un coche, y él, orgulloso como un pavo y encantado con su nuevo Seat León, se ofreció voluntario para llevar a Lucía al colegio junto con Mateo antes de ir a la oficina. Por supuesto acepté sin dudarlo y a Marta también le venía estupendamente.
Javier empezó llevando a los niños cada mañana, y a veces hasta los recogía a la salida. Aún estaba aprendiendo a conducir y memorizando la ruta del colegio a casa y después a su trabajo en la Plaza Mayor. No pasó más de tres meses desde que le dieron el coche cuando se confió demasiado, creyéndose Fernando Alonso, y tuvo un accidente de tráfico. Por suerte, no fue nada grave: un pequeño arañazo en la puerta del copiloto y un chichón en la frente, pero desde entonces ha cogido un miedo tremendo a conducir. Según me han contado, incluso está pensando en vender el coche y volver a usar el autobús. Eso no me molestaría tanto, el problema es que ahora toda la responsabilidad de llevar y traer a los niños ha recaído sobre mí y sobre mi Opel viejo.
No me importa ayudar a un buen amigo, pero últimamente esto se está desmadrando. Entre llevar a su suegra a casa de su hermana en la otra punta de la ciudad, ir a buscar a su esposa a la consulta del hospital, esperar a que salga, acercar a su hijo a clases de fútbol Me siento como el chófer personal de toda su familia. Me resulta incómodo negarme porque no olvido las veces que él se encargó de Lucía, pero la proporción de favores ya no se corresponde No es algo de lo que pueda escapar fácilmente, somos amigos de toda la vida.
Cada día le pido a la Virgen del Carmen que Javier recupere la confianza y vuelva a conducir. No quiero pasar el resto de mi vida dando vueltas por Salamanca con su familia en mi coche.







