¿No te gustaría tener una hija? Puedo ser tu hija, si quieres que lo sea. La chica vino sola a nuestra familia

Esta historia me ocurrió hace quince años. Una niña del orfanato me miró fijamente con sus ojos verdes durante varios minutos y, de pronto, me preguntó:
¿Tienes hija?
No, le respondí, sorprendida.

Ella suspiró, con una tristeza profunda en la mirada, y dijo:
¿No te gustaría tener una? Mientras trataba de entender lo que decía, volvió a hablar: Puedo ser tu hija. Si, por supuesto, tú quieres

Mi mente empezó a divagar. Yo ya tengo un hijo de veinte años. No pensaba en la posibilidad de tener un segundo hijo. Pero aquella frase suya: Una hija nunca está de más, junto a su mirada inmensa, me cautivaron.

Siempre soñé con tener una hija. Quería una pequeña princesa a la que poder comprarle vestidos, complementos, muñecas, con quien maquillarme y jugar a juegos de niñas. Pero me tocó un niño y nunca me atreví a buscar un segundo hijo. Pensé: Soy una mujer madura. No podré criar ya a una niña, ¿verdad? Y, aun así, aquel deseo de tener una hija seguía vivo.
Por supuesto que sí, contesté. Entonces, ella me abrazó como si hubiéramos estado juntas desde el día en que nació.

A través de aquel abrazo, me entregó todo el cariño que guardó durante los años en el orfanato. Carmen tenía cinco años. Había llegado al orfanato con apenas año y medio. Sus padres murieron en un accidente de coche en el que fallecieron siete personas más. Desde entonces, Carmen soñaba con una familia, pero como en tantos orfanatos el proceso es largo, la esperanza de Carmen tuvo que esperar mucho.

No podéis imaginar la alegría que sintió al tener nuevos parientes, cómo se esforzaba por conocer y memorizar el nombre de cada miembro de su nueva familia. Todos se encariñaron enseguida con ella, porque era una niña muy afectuosa. Al principio, mi marido se mostraba reacio a la idea, pero desde el primer momento cayó rendido ante el encanto de Carmen. Enseguida empezó a llamarnos mamá y papá, y mi esposo ya no pudo separarse de ella.

A Carmen todo le resultó fácil, incluso lograba seguir el ritmo de sus compañeros. Y cuando empezó primero de primaria, sobresalió por su inteligencia y capacidad para razonar. Últimamente tiene una nueva afición: Carmen escribe poesía. Se ha convertido en la favorita de todos, y yo agradezco al destino haber ido aquel día al orfanato en Salamanca para conocerla.

La vida, a veces, nos regala lo que más anhelamos justo cuando pensamos que es demasiado tarde. Abrir el corazón a nuevas oportunidades puede traernos la mayor felicidad, y enseñarnos que el amor familiar no entiende de sangre, sino de cariño y entrega.

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¿No te gustaría tener una hija? Puedo ser tu hija, si quieres que lo sea. La chica vino sola a nuestra familia
Cuando cumplí quince años, mis padres decidieron que definitivamente necesitaban tener otro hijo.