El Regalo: Una Noche de Invierno en Madrid, Un Padre, Un Hijo, el Espíritu Navideño y la Solidaridad Ante la Injusticia en la Fiesta de Fin de Año en el Colegio Infantil

REGALO

Bueno, hijo, cuéntame, ¿cómo te ha ido hoy? ¿Cómo ha sido tu día?
Luis acaba de llegar del trabajo y levanta a su pequeño de cinco años, Daniel, sentándolo a su lado en el sofá. Le revuelve los suaves cabellos castaños, mientras Carmen, la madre, prepara la cena en la cocina. La casa está cálida y llena de ese olor delicioso a pollo asado, y en el salón, entre el murmullo de la televisión y el aparador, una pequeña pero vistosa árbol de Navidad parpadea con luces de colores. Faltan exactamente veinticuatro horas para Nochevieja.

¡Estoy bien! anuncia Daniel con voz alegre. Pero mi amigo Álvaro no está tan bien.
¿Qué le ha pasado a Álvaro? pregunta Luis, curioso. ¿Es el Álvaro del portal de al lado?
Sí, ese asiente Daniel.
Hoy no le han dado regalo en la fiesta de Navidad de la guardería cuenta Carmen, asomando su cabeza por la puerta desde una nube de aromas. Pobre chaval… Vamos, lavad las manos que la cena está lista.

¿Cómo que no le han dado? se sorprende Luis, levantándose del sofá. ¿A todos les han dado regalos menos a él? Aquí algo raro pasa.
Sí, a todos menos a él confirma Daniel, bajando tras su padre. Papá Noel y la ayudante han repartido regalos a todos, pero a Álvaro nada. Y él esperaba.
¿Qué clase de Papá Noel y ayudante son esos que dejan a un niño fuera? protesta Luis, arrastrando la silla y sentándose a la mesa.

Ellos no tienen la culpa susurra Carmen, quitando la fuente del horno. Seguro que la madre de Álvaro se olvidó de pagar la aportación para el regalo o no tenía dinero. A veces pasa. Daniel, ¿te has lavado las manos?
Las lavó conmigo responde el padre, cortando el pollo y sirviéndolo. Vale, aceptemos que no pagaron. Pero ¿cómo la encargada de la guardería, cómo se llama… Ana Ruiz? ¿Cómo pudo Ana Ruiz permitir semejante humillación delante de todos?

Ana Ruiz hizo de ayudante y el encargado Papá Noel informa Daniel.
¡Más razón! Luis no logra calmarse. ¿No podían haber buscado la forma de preparar un regalo para el niño y después arreglar cuentas con los padres? Qué falta de empatía…

Por lo visto no suspira Carmen. Si fuera yo, habría buscado una solución.
¿Y los padres de Álvaro? ¿Por qué permitieron que se quedara sin regalo? insiste Luis. En fin, hijo…
Luis se dirige a Daniel, que mordisquea la pierna de pollo con entusiasmo.
¿Le compartiste tu regalo a tu amigo?
Daniel, con una mirada reprobatoria, responde:
Sí, papá, quería. Y también Marcos, Laura, Alba, y otros. Pero Álvaro no quiere aceptarlo de nadie.

¡Vaya orgullo! se admira Luis. ¿Y no lloró cuando se quedó sin regalo?
No sé… No lo vi responde sincero el pequeño.
Menudo chico elogia Luis. No se merece que le traten así.
La verdad que da pena añade Carmen. Imagino cuán mal se sentirá.

¡Propongo arreglar esto! declara de pronto Luis con energía. Se le nota el rubor en las mejillas y los ojos brillan con determinación.
¿Cómo? pregunta Carmen, limpiándose los labios con la servilleta. Daniel la mira también, expectante.
Así contesta Luis, misterioso. ¿Alguno sabe dónde vive Álvaro? ¿Tú sabes, Daniel?
No niega el niño con la cabeza. Nunca he ido a su casa. Solo jugamos juntos en el parque y en la guardería.

Tal vez yo pueda averiguarlo responde Carmen tras meditar. Mi amiga Beatriz conoce a casi todos los del edificio. Ahora la llamo. Aunque, ¿para qué?
Llama, por favor. Ahora mismo le pide Luis con firmeza.
Está bien acepta Carmen. Pero vosotros recoged la mesa y lavad los platos.

Viven en el piso 3ºB, de apellido Campos anuncia Carmen pocos minutos después. La madre se llama Valeria. No hay padre. Bueno, lo hubo, pero se ha ido. O se fue él, o ella lo echó, no se sabe. Pero viven solos, madre e hijo.
¿De dónde sacas tantos detalles? ríe Luis.
Por algo mi amiga es Beatriz, la más enteradasonríe Carmen. Además, está en la comunidad de vecinos, le llega toda la información.

Así que todo esclarecido asiente Luis. Daniel, ¿te has acabado tu regalo?
Todavía no responde el niño con resignación. Mamá dice que demasiados dulces hacen daño.
Pues hace bien aprueba Luis. ¿Y tienes la bolsa del regalo intacta?
Sí contesta Daniel. La abrí con cuidado.
Perfecto Luis le revolotea el cabello. ¿Puedes meter los dulces que te quedan en otra bolsa y me das la original?
¿Para qué? pregunta Daniel intrigado, pero va a su cuarto, regresa con la bolsa colorida y saca los dulces sobre la mesa.

Carmen observa la escena en silencio, luego interviene:
Entiendo que queréis darle a Álvaro un regalo, ¿cuándo? ¿Quién lo llevará?
¡Hoy mismo! decide Luis. ¿Qué piensas, Daniel?
¡Claro! ¡Vamos hoy! se emociona el niño. ¿Puedo poner algunos dulces míos para Álvaro?
Si no te importa, por supuesto le sonríe Luis.
¿Vamos juntos? pregunta Daniel, recogiendo algunos dulces para la bolsa.
Bueno, ya le ofreciste antes y no los aceptó, ¿no será complicado? murmura Luis. Es muy orgulloso. Hagámoslo distinto…

Luis desaparece unos minutos y cuando regresa… es ¡Papá Noel! De botas blancas, abrigo rojo ribeteado de blanco y con bordados de fantasía, gorro, barba blanca, cayado y un saco rojo decorado con estrellas doradas. Por ahora, vacío.

Daniel lo mira boquiabierto. Luego pregunta:
¿Papá, tú eras Papá Noel el año pasado? ¿Y antes?
Sí, hijo admite Luis riendo. Perdona que no te lo dijera antes, pero ibas a darte cuenta pronto. En mi trabajo me pidieron hacer de Papá Noel y así llevo tres años felicitando a todos, tú incluido. ¿Te gustó el Papá Noel del año pasado?
¡Muchísimo! aplaude Daniel. ¡Me alegra que tengamos nuestro propio Papá Noel!
Corre y se abraza a su padre.

Carmen añade más dulces a la bolsa, la ata con lazo brillante y Luis la mete en el saco de los regalos, acomodando su barba:
¿Me dejáis ir a visitar al pobre Álvaro?
¡Sí! responden Carmen y Daniel a la vez.
Daniel pregunta tímido:
¿Puedo ir contigo, papá?
¿De ayudante? sonríe Luis.
¡De conejito! grita Daniel y corre a su cuarto. Vuelve disfrazado: mono blanco, orejas largas, pompón de cola y una máscara de cartón con bigotes dibujados.

Bueno, vamos, solo abrígate, aunque seas conejo blanco, es invierno cede Luis.
Padre e hijo parten hacia la puerta. Carmen se contiene la risa al ver al largo Papá Noel, bastón en mano, acompañado de un pequeño conejo con la bolsa casi arrastrando por el suelo.

Pasados diez minutos, regresa Luis, solo y visiblemente perplejo.
¿Dónde está Daniel? se inquieta Carmen.
Tranquila, está con Álvaro, jugando. Iré a buscarlo en media hora dice Luis, limpiándose el sudor de la cara con la barba postiza.

Se deja caer en el sofá, aún vestido de Papá Noel, y murmura:
¡Vaya noche!
Luego detalla lo sucedido: Resulta que ellos con Daniel han sido ¡los sextos en llevar regalos a Álvaro esa tarde! Y seguramente no los últimos. Justo antes salió del piso la propia Ana Ruiz, la encargada del jardín, ya sin disfraz.
Le pedía miles de perdones a Álvaro y a su madre, hasta se despidió avergonzada cuenta Luis, quitándose el abrigo. Y alguien grabó el momento en la fiesta y lo subió al portal del pueblo. En unas horas, miles de reproducciones y comentarios indignados.

¿De verdad? se sorprende Carmen. Tengo que verlo.
Pero eso no es lo más importante añade Luis. Resulta que la madre de Álvaro sí pagó, solo que un poco más tarde…
La madre tiene cierta culpa reflexiona Carmen, pero vive sola, no siempre hay dinero. La guardería podría haber buscado una solución.
El personal del jardín ni se molestó en preguntar, simplemente tacharon al niño de la lista se resigna Luis. Al final, el chaval salió perjudicado sin culpa.

Si yo fuera jefa de Ana Ruiz, la despedía sin dudar se lamenta Carmen.
Quizá la despidan concede Luis. O aprende la lección… Pero los que trabajan con niños no deberían actuar jamás de esa manera.

Se queda pensando, acariciando el mentón, luego mira a Carmen:
Y otra cosa… ¡Ha venido el padre de Álvaro! Con regalos y arrepentido, casi lloraba…
¿En serio? se alegra Carmen.

Llaman al timbre. Carmen abre. Es Daniel.
¿Por qué vuelves solo? se alarma Luis. Iba a recogerte…
No soy tan pequeño protesta Daniel. Además, me aburrí.
¿Cómo así? pregunta su padre.
Allí la madre y el padre de Álvaro discutían y luego lloraban. Álvaro y yo fuimos a la cocina y estaban abrazándose. Cuando Álvaro se acercó, todos lloraban juntos. Están un poco locos. Ni se dieron cuenta de que me fui…

Luis y Carmen se miran y sueltan una risa aliviada.
Venga, vamos a tomar un té dice Carmen. Luego, el que no se duerma, celebraremos el Año Nuevo. Que sea feliz para todos.
¡Que lo sea! responde Daniel generoso.

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El Regalo: Una Noche de Invierno en Madrid, Un Padre, Un Hijo, el Espíritu Navideño y la Solidaridad Ante la Injusticia en la Fiesta de Fin de Año en el Colegio Infantil
Vendí mi casa para ayudar a financiar la boda de ensueño de mi nieta – Lo que sucedió después nos enseñó a ambas sobre el respeto.