Mira, te cuento, todos tenemos problemas en la vida, ¿verdad? En realidad, la vida de cualquier persona es como una carrera de obstáculos, llena de dificultades y, de vez en cuando, alguna pequeña isla de descanso. Pero yo, aparte de los líos normales que cualquiera puede tener, tengo uno extra: mi hija.
Tengo 48 años, soy divorciada y tengo dos hijos. Mi hijo mayor es totalmente independiente, lleva mucho tiempo viviendo por su cuenta en otra ciudad en Salamanca y no me necesita para nada, de hecho, es él quien me ayuda ahora. Pero mi hija pequeña es otro cantar: es inmadura, no sabe valerse sola, y siempre necesita que yo esté ahí para echarle una mano con sus hijos, mis nietos. Y, claro, yo tengo mi casa en el pueblo, tengo el huerto y los animales, que también requieren atención, y además trabajo media jornada. Vamos, que tengo motivos de sobra para estar preocupada y cansada. Pero parece que para mi hija eso no cuenta.
Ella cree que yo estoy todo el día tirada en el sofá, y que por eso tengo que ir corriendo a su casa cada vez que me llama. Y cuando le digo que no puedo porque tengo mil cosas que hacer, se ofende. Vive a unos cuantos kilómetros de mí, en otro barrio de Madrid, y cada vez que tengo que ir, me lleva tiempo. Y encima mis nietos son un terremoto, súper ruidosos y maleducados, me cuesta muchísimo controlarles. Y mi hija los deja conmigo y se va con sus amigas y vuelve casi al anochecer.
Pero no consigue entender lo que le explico una y otra vez. Si tanto necesita que cuide de sus hijos, pues que venga ella a mi casa, me eche una mano con las tareas del hogar, y mientras tanto, yo me voy a la suya y me quedo con los niños. ¿No? Pero ella, nada, que yo tengo la obligación de ayudarla. ¿Y ella no debería ayudarme a mí también? Pues si no, yo tampoco tengo obligación de ayudar siempre. Así que se lo dije claramente.
Ahora mi móvil no suena, lleva días en silencio. Bueno, pues mientras estoy pendiente del campo y de la casa, pienso que también tengo que cuidar de mí, de mi salud. Qué vida, primero criar hijos, luego nietos… ¿y cuándo se vive para una misma?







