Nunca juzgues un libro por su portada. Esta historia lo demuestra a la perfección.
Interior de una boutique de relojes exclusivos en el Paseo de Gracia, en Barcelona. El encargado, vestido con un impecable traje azul marino y brazos cruzados, observa con desprecio a una joven pareja que entra. Llevan sudaderas amplias y zapatillas deportivas sencillas.
El encargado señala la puerta con gesto cortante:
**«Esto no es un sitio turístico. Salid fuera antes de que llame a seguridad para que os echen».**
El chico está a punto de perder la paciencia, pero la chica, con calma, le pone una mano sobre el hombro para tranquilizarle. Ella mira al encargado fijamente, sin apartar la vista.
Él esboza una sonrisa arrogante:
**«Me da igual lo que pretendáis. Este lugar no es para gente como vosotros».**
Va a pulsar un discreto botón rojo bajo el mostrador, pero la joven suspira, saca de su bolsillo una tarjeta de cristal transparente y la coloca suavemente sobre el expositor. Un sonido cristalino y elegante recorre toda la tienda.
El encargado se queda inmóvil. En ese instante, su teléfono, encima del mostrador, empieza a vibrar. En la pantalla se lee: **«DIRECTOR GENERAL NÚMERO PERSONAL»**. El encargado mira asustado el móvil y luego a la chica, perdiendo todo el color del rostro.
Ella se acerca levemente, con una sonrisa gélida.
**«Vamos, contéstale. Explícale por qué te niegas a atender a la nueva propietaria de esta franquicia».**
La mano le tiembla mientras descuelga el teléfono, ojos llenos de pánico.
Balbucea al auricular: «¿Sí?… Lo siento, señor director… Yo yo no lo sabía». Por el teléfono suena una voz fría: «Estás despedido. Deja las llaves en el mostrador y no vuelvas por aquí».
La joven se gira hacia su novio, que está completamente atónito:
**«Perdona, Álvaro, tenía pensado contártelo después de cenar. Pero creo que la sorpresa se adelantó. ¿Te apetece elegir un regalo?»**
Pasa junto al encargado, que permanece inmóvil, sin dignarse a mirarle. Él se quita, derrotado, su placa dorada, sabiendo que acaba de perder su sitio en el mundo del lujo para siempre.
**Moraleja:** El respeto no depende del precio de tu ropa. Y a veces, la justicia llega justo cuando menos te la esperas.






