La que reescribe destinos – Pasa, hija. Sí, ahora te lo cuento todo, todo te revelo. Dame tu manita. La abuela Maruja no engaña, dice la verdad. ¿Cómo te llamas? ¿Tatiana? ¿Tati, entonces? ¡Muy bien! ¡Qué mano tan pequeña, casi de niña. Suavecita… Y esas líneas, parecen un libro. Si quieres preguntar algo, no te cortes, habla. Que si no, la abuela Maruja empieza a leer tu palma y oyes lo que no toca. ¿Todo seguido? ¡Vale! Tu amor será luminoso, puro. Te casarás. El marido, buen hombre, serio. Te tratará con cariño. ¿Ves? Esta línea aquí. Eso es el amor… Tendréis un hijo. Maravilloso. Terminará el colegio con honores, la universidad. Sí, todo está en tu manita. Luego irá al ministerio o trabajará en el extranjero. Ganará mucho dinero. Os ayudará a ti y a tu marido. Tendrás también una hija, un encanto. Su vida será fácil. Tendrá familia. Te dará nietos. Con los niños, todo irá bien, sí… El trabajo… Aquí, niña, veo tu progreso. ¿Dices que no hay dónde avanzar? Siempre hay. Ahora lo dices, pero luego recordarás a la abuela Maruja, irás a la iglesia y pondrás una vela por mi salud… Tendrás mucho dinero. Mira tú misma, ¿ves? ¿No entiendes nada? No hay nada que entender… Tu salud, ya sabes, no es la mejor. ¿Y quién la tiene buena hoy? Irás al médico, él te dirá sobre la salud y cómo curarte mejor que yo. El médico es especialista, sí. Pronto lo conocerás… No, no por enfermedad, solo en buena compañía. Y él te lo dirá. Vivirás mucho, más que yo. Y la abuela Maruja ya tiene muchos años. ¿Cuántos? Casi ochenta… Sí, no lo parece. He pasado guerra y hambre. Pero no hablamos de mí. Mira, estos son tus intereses. Pronto descubrirás algo nuevo, quizá en la ciencia, quizá en otra cosa. Eso te traerá fama, suerte. La gente vendrá a pedirte ayuda. Todo está aquí, en tu manita. Suavecita… No, Tati, de tus padres poco puedo decir. Solo que… Tu madre te escribirá, pedirá perdón. Respétala, es mayor. No quiso abandonarte, fue el destino. ¿Y tu padre? Ya ni lo veo. ¿Pero tu abuela sigue viva? ¡Eso digo, viva! ¡Salud para ella! ¡Bailará en tu boda! ¿No anda? ¿Cómo que no anda? ¡La veo bailando en la boda! ¿Quizá el médico ayude? Sí, el que conocerás. ¿Ya sabes todo lo que querías? Bueno, Tati. No te acompaño, me duelen las piernas… ¿Dónde dejo el regalito? Ahí en la mesa, bajo el mantel. Gracias, hija, ve, todo irá bien. Cuéntales a tus amigas lo que la abuela Maruja te dijo, a tu abuela. Quizá alguien más venga a visitarme… *** – ¿Qué miras, cara bigotuda? ¿Eh, los ojos como platos…? ¿No te gusta que diga la verdad? ¿Pero el hígado fresco y la nata sí te gustan? Tú mismo le haces ascos al “Whiskas”, y el pescado lo quieres caro, ¡no comes jurel! ¿Y de dónde saca la abuela Maruja tanto dinero? ¡Eso es! Todos quieren pagar por lo bueno, no por la verdad. ¿Qué debía decirle? ¿Que su novio es un cerdo como no hay otro? ¿Que irán tarde por el callejón y los atacarán unos gamberros y el novio saldrá corriendo? ¿A él qué, como agua de pato? ¿Que al mes ya estará cortejando a su amiga porque el padre de ella es empresario? ¿Que nuestra Tati se quedará embarazada de esa violación y la abuela de la niña morirá al mes de la pena? ¿Eso debía decirle? ¿Que el hijo que Tati tendrá será igual que el padre, se meterá en la droga a los catorce, pegará a la madre, le hará la vida imposible? Por eso ella acabará en el psiquiátrico, perderá el trabajo. Vivirán de pan y agua hasta que sea portera. ¿Que a los cuarenta y cinco le encontrarán cáncer? ¿Eso debía decirle? ¿Y que no sobrevivirá a la operación? ¿Eso debía contarle? ¿Y después me daría el regalito? Y en fin, yo lo pienso así, bigotudo, – su destino, el verdadero, solo lo sabemos tú y yo. El que le inventé, ya lo sabemos yo, Tati, sus amigas y la abuela. No frunzas el ceño, sé que lo contará, solo que llegue a casa. ¡Mira cuántos! ¿Más que nosotros dos? ¡Más! ¿Tati me creyó? ¡Me creyó! Así que, aún puede que todo cambie… *** Tati salía de casa de la abuela Maruja y sonreía. Se sentía bien, el alma ligera. Aunque su destino contado parecía un cuento bonito, pero… ¿Y si es verdad? Le habían recomendado a esa adivina… En el callejón oscuro la chica oyó pasos y risas detrás. Tania echó a correr. Pero se acercaban… Y la habrían alcanzado si al girar la esquina no se topa con un joven y un perro enorme. El perro ladró, el dueño sacó el spray: – ¡Atrás, canallas! Si no… Tati apenas pudo respirar, y su buen protector sonrió: – Soy Vitalio. ¿Te acompañamos a casa Jack y yo? Y todo cambió. *** – ¡Pasa, guapa! ¿Cómo te llamas? ¿Olga? ¿Tati te recomendó? La recuerdo, la recuerdo… ¿Cómo le va? ¿Se casó? ¡Qué bien! Dame la manita… Suavecita, lisa…

9 de diciembre de 2025

Hoy ha venido a verme una joven a mi consulta en Madrid. Le he pedido que me dé la mano, como es costumbre, y le he asegurado que aquí, en casa de la señora Carmen, solo se dice la verdad. Me ha dicho que se llama Inés, un nombre muy nuestro, y he notado que su mano es pequeña y suave, como la de una niña. Las líneas de su palma parecían contarme una historia entera. Le he animado a preguntar lo que quisiera, sin vergüenza, porque si no, acabaría oyendo cosas que no le interesan.

Me ha pedido que le cuente todo, y así lo he hecho. El amor que le espera es puro y sincero. Se casará con un hombre honesto, alguien que la tratará con cariño. Mira, aquí está la línea del amor Tendrán un hijo, un chico brillante que terminará el colegio con honores y luego la universidad. Quizá acabe trabajando en el Ministerio o en el extranjero, ganando muchos euros y ayudando a sus padres. También tendrá una hija, una niña encantadora, cuya vida será fácil y feliz. Formará su propia familia y le dará nietos a Inés.

En cuanto al trabajo, veo que avanzará, aunque ahora piense que no hay oportunidades. Ya me recordará y pondrá una vela por mi salud en la iglesia de San Ginés. El dinero no le faltará, aunque ahora no lo vea claro. La salud, bueno, no es perfecta, pero ¿quién está completamente sano hoy en día? Pronto conocerá a un médico, un verdadero especialista, en una reunión agradable, no por enfermedad. Él le aconsejará bien y vivirá muchos años, más que yo, que ya tengo casi ochenta y he pasado por la guerra y el hambre. Pero no estamos aquí para hablar de mí.

Veo también que descubrirá algo nuevo, quizá en la ciencia, quizá en otro campo, y eso le traerá fama y fortuna. La gente acudirá a ella en busca de ayuda. Todo esto está escrito en su mano suave.

Sobre sus padres, no puedo decir mucho. Solo que su madre le escribirá pidiéndole perdón. Debe respetarla, que la vida es caprichosa y nadie elige su destino. De su padre apenas veo nada, pero su abuela sigue viva, ¿verdad? ¡Claro que sí! Le deseo salud, y bailará en la boda de Inés, aunque ahora diga que no puede andar. Yo la veo bailando, quizá el médico la ayude.

¿Ya sabe todo lo que quería? Bueno, Inés, no te acompaño a la puerta, que me duelen las piernas. Deja el regalo en la mesa, bajo el mantel. Gracias, hija, vete tranquila, todo irá bien. Cuéntale a tus amigas y a tu abuela lo que te ha dicho la señora Carmen. Quizá alguna más venga a visitarme

***
¿Qué miras, bigotes? ¿No te gusta lo que digo? Pero bien que te gustan los higaditos y la nata, ¿eh? Y el pienso caro, que el barato ni lo tocas. ¿De dónde va a sacar la señora Carmen tanto dinero? ¡Eso es! Todos quieren pagar por escuchar cosas buenas, no la verdad.

¿Y qué debía decirle? ¿Que su novio es un sinvergüenza? ¿Que una noche les asaltarán y él saldrá corriendo? ¿Que en un mes estará con la amiga porque su padre es empresario? ¿Que Inés quedará embarazada tras aquel incidente y su abuela morirá de disgusto? ¿Que el hijo que tendrá se convertirá en un delincuente y la maltratará? ¿Que acabará en el psiquiátrico, perderá el trabajo y vivirá con lo justo hasta que le diagnostiquen cáncer a los cuarenta y cinco? ¿Que no sobrevivirá a la operación? ¿Eso debía contarle? ¿Y después me daría un regalo?

Al final, bigotes, solo tú y yo conocemos su verdadero destino. El que le inventé, ya lo saben ella, sus amigas y su abuela. No te hagas el listo, que sé que lo contará a todos. ¿Crees que son más que nosotros dos? ¡Claro! ¿Me creyó Inés? Me creyó. Así que, quién sabe, quizá todo cambie

***
Inés caminaba por la Gran Vía, sonriendo. Sentía el corazón ligero, como si su vida fuera un cuento feliz. Quizá la adivinadora tenía razón En la oscuridad de una callejuela, oyó pasos y risas detrás. Echó a correr, pero los perseguidores se acercaban. Por suerte, al doblar la esquina, se topó con un joven y su enorme perro. El animal ladró y el dueño sacó un spray:

¡Atrás, sinvergüenzas! ¡O llamo a la policía!

Inés apenas podía respirar, pero su protector le sonrió:

Me llamo Javier. ¿Te acompaño a casa con Roco?

Y todo cambió.

***
¡Pasa, guapa! ¿Cómo te llamas? ¿Lucía? ¿Vienes porque Inés te lo recomendó? La recuerdo bien ¿Cómo le va? ¿Ya se casó? ¡Qué alegría! Dame la mano Qué suave y lisa la tienes

Hoy he aprendido que, aunque la vida sea incierta y a veces dura, una palabra amable puede cambiar el rumbo de una persona. Y que, al final, todos necesitamos creer en la esperanza.

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La que reescribe destinos – Pasa, hija. Sí, ahora te lo cuento todo, todo te revelo. Dame tu manita. La abuela Maruja no engaña, dice la verdad. ¿Cómo te llamas? ¿Tatiana? ¿Tati, entonces? ¡Muy bien! ¡Qué mano tan pequeña, casi de niña. Suavecita… Y esas líneas, parecen un libro. Si quieres preguntar algo, no te cortes, habla. Que si no, la abuela Maruja empieza a leer tu palma y oyes lo que no toca. ¿Todo seguido? ¡Vale! Tu amor será luminoso, puro. Te casarás. El marido, buen hombre, serio. Te tratará con cariño. ¿Ves? Esta línea aquí. Eso es el amor… Tendréis un hijo. Maravilloso. Terminará el colegio con honores, la universidad. Sí, todo está en tu manita. Luego irá al ministerio o trabajará en el extranjero. Ganará mucho dinero. Os ayudará a ti y a tu marido. Tendrás también una hija, un encanto. Su vida será fácil. Tendrá familia. Te dará nietos. Con los niños, todo irá bien, sí… El trabajo… Aquí, niña, veo tu progreso. ¿Dices que no hay dónde avanzar? Siempre hay. Ahora lo dices, pero luego recordarás a la abuela Maruja, irás a la iglesia y pondrás una vela por mi salud… Tendrás mucho dinero. Mira tú misma, ¿ves? ¿No entiendes nada? No hay nada que entender… Tu salud, ya sabes, no es la mejor. ¿Y quién la tiene buena hoy? Irás al médico, él te dirá sobre la salud y cómo curarte mejor que yo. El médico es especialista, sí. Pronto lo conocerás… No, no por enfermedad, solo en buena compañía. Y él te lo dirá. Vivirás mucho, más que yo. Y la abuela Maruja ya tiene muchos años. ¿Cuántos? Casi ochenta… Sí, no lo parece. He pasado guerra y hambre. Pero no hablamos de mí. Mira, estos son tus intereses. Pronto descubrirás algo nuevo, quizá en la ciencia, quizá en otra cosa. Eso te traerá fama, suerte. La gente vendrá a pedirte ayuda. Todo está aquí, en tu manita. Suavecita… No, Tati, de tus padres poco puedo decir. Solo que… Tu madre te escribirá, pedirá perdón. Respétala, es mayor. No quiso abandonarte, fue el destino. ¿Y tu padre? Ya ni lo veo. ¿Pero tu abuela sigue viva? ¡Eso digo, viva! ¡Salud para ella! ¡Bailará en tu boda! ¿No anda? ¿Cómo que no anda? ¡La veo bailando en la boda! ¿Quizá el médico ayude? Sí, el que conocerás. ¿Ya sabes todo lo que querías? Bueno, Tati. No te acompaño, me duelen las piernas… ¿Dónde dejo el regalito? Ahí en la mesa, bajo el mantel. Gracias, hija, ve, todo irá bien. Cuéntales a tus amigas lo que la abuela Maruja te dijo, a tu abuela. Quizá alguien más venga a visitarme… *** – ¿Qué miras, cara bigotuda? ¿Eh, los ojos como platos…? ¿No te gusta que diga la verdad? ¿Pero el hígado fresco y la nata sí te gustan? Tú mismo le haces ascos al “Whiskas”, y el pescado lo quieres caro, ¡no comes jurel! ¿Y de dónde saca la abuela Maruja tanto dinero? ¡Eso es! Todos quieren pagar por lo bueno, no por la verdad. ¿Qué debía decirle? ¿Que su novio es un cerdo como no hay otro? ¿Que irán tarde por el callejón y los atacarán unos gamberros y el novio saldrá corriendo? ¿A él qué, como agua de pato? ¿Que al mes ya estará cortejando a su amiga porque el padre de ella es empresario? ¿Que nuestra Tati se quedará embarazada de esa violación y la abuela de la niña morirá al mes de la pena? ¿Eso debía decirle? ¿Que el hijo que Tati tendrá será igual que el padre, se meterá en la droga a los catorce, pegará a la madre, le hará la vida imposible? Por eso ella acabará en el psiquiátrico, perderá el trabajo. Vivirán de pan y agua hasta que sea portera. ¿Que a los cuarenta y cinco le encontrarán cáncer? ¿Eso debía decirle? ¿Y que no sobrevivirá a la operación? ¿Eso debía contarle? ¿Y después me daría el regalito? Y en fin, yo lo pienso así, bigotudo, – su destino, el verdadero, solo lo sabemos tú y yo. El que le inventé, ya lo sabemos yo, Tati, sus amigas y la abuela. No frunzas el ceño, sé que lo contará, solo que llegue a casa. ¡Mira cuántos! ¿Más que nosotros dos? ¡Más! ¿Tati me creyó? ¡Me creyó! Así que, aún puede que todo cambie… *** Tati salía de casa de la abuela Maruja y sonreía. Se sentía bien, el alma ligera. Aunque su destino contado parecía un cuento bonito, pero… ¿Y si es verdad? Le habían recomendado a esa adivina… En el callejón oscuro la chica oyó pasos y risas detrás. Tania echó a correr. Pero se acercaban… Y la habrían alcanzado si al girar la esquina no se topa con un joven y un perro enorme. El perro ladró, el dueño sacó el spray: – ¡Atrás, canallas! Si no… Tati apenas pudo respirar, y su buen protector sonrió: – Soy Vitalio. ¿Te acompañamos a casa Jack y yo? Y todo cambió. *** – ¡Pasa, guapa! ¿Cómo te llamas? ¿Olga? ¿Tati te recomendó? La recuerdo, la recuerdo… ¿Cómo le va? ¿Se casó? ¡Qué bien! Dame la manita… Suavecita, lisa…
Faltaban ocho días para mi boda cuando mi padre se fue de este mundo. Falleció mientras dormía. Yo estaba en el trabajo cuando me llamaron desde el hospital. Me dijeron que ya no se podía hacer nada. Me senté en el suelo del pasillo y ni siquiera sabía cómo reaccionar. Mi madre había fallecido hacía años y él era todo lo que me quedaba. La mujer que cuidaba su casa lo encontró—tenía llave.