**Diario personal 15 de octubre**
Nunca pensé que un día tan normal pudiera convertirse en una pesadilla sacada de una película de terror. Esta tarde, mi marido y yo estábamos tranquilamente en el salón cuando nuestra perra, Luna, comenzó a rodear el sofá con nerviosismo, gruñendo y ladrando de una manera extraña. Al principio, pensamos que era solo un capricho o que había escuchado algún ruido exterior. Pero su insistencia empezó a inquietarnos.
Al prestar más atención, yo misma escuché golpes sordos y rasguños que venían del interior del sofá. Era como si algoo alguienintentara salir. El corazón me latía con fuerza. ¿Sería un roedor atrapado? ¿O algún animal salvaje que había entrado en casa? Solo imaginarlo me erizó la piel. Entre la inquietud de Luna y nuestra propia angustia, decidimos llamar a la policía.
Minutos después, dos agentes llamaron a la puerta. Les explicamos la situación, casi avergonzados por molestarles por algo que podía parecer una tontería. Sin embargo, al acercarse al sofá, ellos también escucharon los mismos ruidos extraños. Tras un breve debate, decidieron cortar la tela del sofá.
El silencio era espeso, opresivo, mientras la tela cedía bajo sus cuchillos. Y entonces lo encontramos.
Cuando abrieron el sofá, el aire en la habitación pareció helarse. Los agentes se quedaron paralizados un instante antes de intercambiar una mirada seria. Allí, entre el relleno y la estructura de madera, había un gatito flaco y tembloroso. No podía creerlo. ¿Cómo había llegado allí?
Uno de los policías lo sacó con cuidado, y el pequeño animal emitió un maullido débil pero desgarrador. Luna, nuestra perra, de inmediato se calmó y se acercó con precaución, como si quisiera asegurarse de que el gatito estaba bien.
Más tarde supimos que el sofá, que habíamos comprado de segunda mano unos días antes, probablemente ya venía con el animal dentro. El vendedor no sabía nada, y el pobre gatito, aterrorizado, no había podido salir por sí mismo.






