**Diario Personal**
Hoy decidí ir a la casa de campo sin avisar a mi marido para descubrir qué hacía allí a escondidas. Lo que encontré me dejó helada.
Tenemos una casita en un pueblo de Castilla. Solíamos ir los fines de semana a plantar, recoger verduras del huerto o simplemente descansar del ajetreo de Madrid.
Pero últimamente él ponía excusas para no ir: trabajo, cansancio, compromisos. No le di importanciatodos pasamos por épocas difíciles.
Hasta que ayer hablé con nuestra vecina, Doña Carmen, y me soltó de casualidad:
Ayer vi a tu marido en la casa.
Me quedé de piedra.
¡Imposible! Tenía turno en el hospital.
No, no, lo vi claramenteinsistió ella.
Colgué el teléfono con la mente en blanco. ¿Una amante? ¿Se vería con alguien allí?
El sábado siguiente, mi marido, Álvaro, volvió a excusarse.
¿Y si voy yo sola?propuso.
¡No!cortó él, demasiado tajante. No me gusta que vayas sin mí.
Su firmeza avivó mis sospechas. Cuando salió, lo seguí. Y sí, tomó la carretera hacia la casa.
Esperé un rato y fui tras él. Al llegar, el corazón me latía a mil. Abrí la puerta y el alma se me heló. Preferiría haber encontrado una amante antes que eso.
Entré en silencio. Olía a algo dulzón y metálico que venía del cobertizo. Al acercarme, vi pieles de animales colgadas de las vigas. Entre ellas, algo que parecía demasiado humano.
En ese momento, Álvaro apareció en la puerta, pálido.
Es cazamurmuró, acercándose. Empecé hace poco. No quise asustarte
Fingí creerle, aunque cada fibra de mi cuerpo gritaba que mentía. Esbocé una sonrisa forzada.
Vale. No te preocupes.
Esa noche no pegué ojo. A la mañana, en cuanto salió, llamé a la Guardia Civil con manos temblorosas. Más vale que lo investiguen antes de que lo peor sea cierto.






