**Diario de Marina**
Todo es por vuestra culpa.
Mamá, papá, preparad la habitación. Vuelvo a casa. Con mi hijo.
Nina no lo pidió, ni siquiera lo comunicó. Lo dijo como una orden. Mamá miró el teléfono con los ojos abiertos de asombro, papá dejó el tenedor a un lado. Se le quitó el hambre.
Marina, la hija mayor, sintió ese escalofrío familiar recorriéndole la espalda. Sabía que la conversación no sería agradablesu hermana no había dado señales de vida en tres años, pero jamás imaginó que Nina empezaría con semejante noticia.
Nodijo papá, tajante. No tenemos espacio en el piso. Tú misma decidiste irte, así que tú misma resuélvelo.
¡Vamos, como si no hubiera sitio! Marina puede desalojar su habitación. Total, no tiene familia, para ella es más fácil. O ponedle un sofá en la cocina. ¿Tan egoístas sois?
A Marina se le cortó la respiración. Estaba acostumbrada a estas actitudes de su hermana desde pequeña, pero no por eso dolían menos.
A pesar del rechazo de su padre, mentalmente ya buscaba otro lugar donde vivir. Así era siempre: Nina creía que el mundo le debía algo, presionaba y, al final, obtenía lo que quería. Marina, en cambio Ella era tranquila, discreta, evitaba conflictos. Siempre cedía.
Y Nina lo sabía.
Nina, entiéndelo No podemosdijo mamá con suavidad. Todavía estamos pagando los créditos de tu universidad. Y con Marina vivimos juntos porque no nos queda otra. Ella nos ayuda económicamente, aunque no tiene obligación. No podemos hacernos cargo de ti y del niño.
¡Así que os da igual lo que pase con vuestra hija y vuestro nieto!gritó Nina. ¿Estáis bien de la cabeza?
Nina Baja el tono. No voy a hablar contigo asícontestó papá y colgó.
Mamá le riñó un poco¿por qué tan brusco?, pero se notaba que estaba de acuerdo. La cena transcurrió en un silencio tenso.
Marina recordó cómo empezó todo. En su familia siempre fue así: o Nina conseguía lo que quería en el acto, o todos sufrían sus rabietas.
Marina era seis años mayor que Nina. Sus padres las querían a ambas, pero mimaban un poco más a la pequeña. Primero, porque creían entender mejor las cosas de crianza. Segundo, porque cuando Marina era niña, la situación económica era difícil. Con los años mejoró, pero ella siguió siendo modesta. No pedía regalos caros ni quería ser una carga.
Nina, en cambio, compensó por las dos.
Su primer berrinche importante fue a los diez años. Quería un perro, pero no cualquieraun labrador. Un animal grande, difícil de cuidar. Sus padres sabían que acabaría siendo su responsabilidad. Además, tenerlo en un piso pequeño era una locura. Pero Nina no escuchaba razones.
¡Si no me lo compráis, haré algo terrible!amenazó.
Y eso los paralizó. Se asustaron, sobre todo mamá. Al final, cedieron y trajeron al cachorro. Pero quien lo cuidó fue Marina y su madre, porque Nina siempre estaba «ocupada».
Lo mismo pasó con el campamento de verano al que iba su amiga Lucía. El problema era que no era un campamento normal, sino uno temático de «Harry Potter». Costaba seis mil euros. ¡Y solo eran cuatro días!
¡Lucía va, y yo qué, soy menos? ¡Si no me dejáis ir, me escaparé!dijo Nina, cruzando los brazos.
Pues escápate. Volverás con la cola entre las piernasrespondió papá.
Aun así, la mandaron. Pagaron por paz. Pero el camino fácil no siempre es el correcto.
En el instituto, Nina anunció que se iba a Madrid a estudiar con Lucía.
No pienso pudrirme en este pueblodijo.
Marina se rio al principio. Nina no era precisamente la estudiante más aplicada. Una beca era imposible, y para la privada había que esforzarse. Eligió una de las mejores universidades del país, con una competencia feroz. Un año para prepararse, con un nivel bajo. Misión imposible.
Pero no se rio por mucho tiempo.
¿Qué, vais a dejar a vuestra hija sin estudios? ¿Queréis que me dedique al oficio más antiguo?presionaba Nina. ¡Porque lo haré si no entro! ¡Y será por vuestra culpa!
Sus padres no eran de hierro. A los pocos meses, cedieron y contrataron tutores. Tuvieron que pedir créditos. Papá envejeció cinco años en uno, mamá tomaba pastillas a puñados, y Nina florecía.
Al final, entró. Y a los seis meses, ya presumía con Marina.
¡Enhorabuena, hermana! Ya no vivo en la residencia, sino con mi novio. Sus padres son ricos, del sector inmobiliario, y lo mantienen y él me mantiene a mí. ¡Cenamos sushi todas las noches!
Marina no se emocionó. Genial que tuviera pareja, pero no la mandaron a Madrid para eso.
¿Y los estudios?
¡Qué pesada! Comparto mi felicidad y tú con tus rollosse ofendió Nina. Vivo como una reina. Incluso dice que este mes me presentará a sus padres.
A los meses, su tono cambió. Ahora sonaba celosa, resentida.
No sé qué hacerse quejaba. Él coquetea con otras, pero a mí ni me mira. Me cuida, no me niega nada, pero soy como su mascota. Me da de comer, me acaricia y ya. Hasta me escribe con otras delante de mí.
Pues déjalo, no hay que pensar muchodijo Marina, sin entusiasmo.
¡Ah, sí, perder a un novio así! Dice que solo busca emociones, que yo soy la única, que no piensa irse Y tiene tanto dinero que quizá no trabaje nunca. No voy a dejarlo.
Era obvio que no era serio, pero discutir con Nina era inútil. Y Marina no quería oír más quejas.
Entonces no me cuentesdijo un día.
Nina colgó. No volvió a quejarse con ella.
En segundo año, anunció a sus padres que estaba embarazada. Ellos, claro, se quedaron de piedra.
Cariño, ¿y los estudios?preguntó mamá.
Acababan de pedir otro crédito para la matrícula, así que la noticia no les hizo gracia.
¿Qué estudios? Los dejo. No voy a llevar a un bebé a clasedijo Nina, como si nada.
¿Por qué iba a preocuparse? Otros cargaban con las consecuencias. Hasta Marina ayudaba, aunque no aprobaba.
¡Estás arruinando tu vida!estalló papá. ¡Lo dimos todo para que tuvieras oportunidades!
Me las disteis, y aproveché. Solo que de otra manerareplicó Nina.
¡Ni siquiera te ha pedido matrimonio! ¿Qué harás cuando te eche?
Es mi problema. Mi vida, mis decisionescortó ella y colgó.
Tres años sin contacto. Como si su familia no existiera.
Hasta que necesitó ayuda.
Al final, Nina encontró otro cuello al que agarrarse: su abuela paterna, Margarita. No solo la acogió, sino que la defendió.
Víctor, ¿cómo puedes? ¡Tu hija, con tu nieto, y la echas! ¡No tienes corazón!
No conozco a ese nieto. Cuando quise verlo, me cerraron la puerta. Y ahora exige echar a Marina, que nos ayuda con los créditos. ¿Eso es justo?
¡Pero es tu sangre, tu familia!insistió la abuela.
No, madre. Familia es cuando







