Vi a mi marido en la fiesta de graduación de nuestra hija con una mujer desconocida

En el salón de actos del instituto, el aire olía a flores frescas y a la cera recién aplicada en el suelo. Las madres del AMPA discutían acaloradamente sobre los últimos detalles de la fiesta de graduación.

¡María José, estás como una cabra! ¿Mariposas vivas? ¿De dónde vamos a sacarlas? ¡Y para qué! exclamó la tutora del curso con las manos en la cabeza.

Pero, Carmen, ¡tiene que ser algo especial! insistió María José, golpeando su bolígrafo contra la lista de ideas. ¡Es la última celebración de nuestros hijos en el instituto! ¡Lo recordarán toda la vida!

Entre los padres reunidos, Sofía permanecía en silencio, absorta en sus pensamientos. La presentación del proyecto en el trabajo, las facturas pendientes y, sobre todo, esa inquietud sorda que le corroía desde hacía meses: su marido, Javier, cada vez más ausente, más distante.

Sofía, ¿tú qué opinas? la voz de Carmen la sacó de su ensueño. Tú trabajas en organización de eventos, ¿no?

Sofía se enderezó en la silla, respirando hondo.

Creo que deberíamos centrarnos en lo que de verdad importa a los chicos dijo con calma. Buena música, un photocall, tal vez un pequeño catering. El resto son lujos innecesarios que solo agotarán el presupuesto.

María José frunció los labios.

Claro, tú siempre con lo mismo. ¡Los chicos quieren algo memorable!

Lo que quieren es pasarlo bien con sus amigos replicó Sofía, no ver mariposas posándose en sus cabezas. Pregúntale a Lucía si no me crees.

La mención de su hija pareció calmar a María José.

Bueno, votemos. ¿Quién está a favor de la opción básica?

La mayoría levantó la mano, y Sofía suspiró aliviada. Un problema menos. Ahora solo faltaba resolver lo que ocurría en casa.

Mientras salía del instituto, marcó el número de Javier.

¿Javi? ¿Sigues en la oficina? preguntó, esquivando coches en el aparcamiento.

Sí, tengo que quedarme respondió él con voz cansada. El proyecto está en crisis. No esperes a cenar.

¿Otra vez? No pudo evitar el tono de decepción. Tercera vez esta semana.

Sofía, no empieces su voz se volvió áspera. Estoy trabajando, no de juerga. Y tranquila, para la graduación de Lucía me cojo el día.

Vale decidió no insistir. Hasta mañana.

En casa, Lucía estaba en la cocina, sumergida en un libro de historia. Los exámenes ya habían terminado, pero la selectividad se acercaba.

¿Qué tal la reunión? preguntó sin levantar la vista. ¿Lograste salvar a la clase de otra locura de María José?

Sofía sonrió mientras sacaba comida de la nevera.

Esta vez quería mariposas vivas.

Qué asco hizo una mueca Lucía. Me habría pasado todo el acto temiendo que una se me enredara en el pelo.

Eso mismo pensé yo encendió el fogón. Papá vuelve tarde otra vez.

Nada nuevo se encogió de hombros Lucía. Mamá ¿no te parece raro cómo está últimamente?

¿Qué? Sofía dejó el cuchillo sobre la encimera.

Pues que siempre llega tarde. Y por teléfono suena raro. ¿Problemas en el trabajo? ¿O? titubeó.

¿O qué? su corazón se encogió.

Nada, tonterías Lucía agitó la mano. Solo me parece extraño.

Sofía volvió a cortar verduras, pero la inquietud crecía. ¿Había notado también Lucía el cambio en Javier? Llevaba tres meses distante, siempre con excusas, el móvil pegado a la mano. Una vez lo había visto borrar mensajes.

Veinte años de matrimonio, y ahora esto. Claro que había pensado en una infidelidad ¿quién no lo habría hecho? Pero lo apartaba de su mente. Javier no era así. Habían pasado por mucho juntos la hipoteca, el nacimiento de Lucía, épocas de paro. ¿De verdad ahora, cuando todo iba bien, podía?

Mamá, ¿qué te pasa? Ya has picado la cebolla tres veces la voz de Lucía la devolvió a la realidad.

Nada, estaba pensando se secó una lágrima, culpando a la cebolla. Vamos a cenar, y luego me ayudas a elegir vestido para la graduación.

Las dos semanas siguientes fueron un torbellino. Sofía dividida entre el trabajo y los preparativos. Javier seguía ausente, pero prometió llegar a tiempo al acto.

El día de la graduación, Sofía pasó por la peluquería recogido elegante, manicura, maquillaje ligero. A sus cuarenta y cinco, seguía radiante, especialmente cuando sonreía. Escogió un vestido azul marino que realzaba su figura. Lucía insistió en que luciera impecable.

Que mis compañeros vean qué madre más guapa tengo dijo mientras le arreglaba un mechón rebelde.

Lucía era pura elegancia en su vestido blanco. Sofía no pudo evitar emocionarse.

Venga, no empieces refunfuñó Lucía, aunque sus ojos también brillaban. Si arruinas el maquillaje, no salgo contigo.

No lo arruinaré prometió Sofía, secándose con cuidado. Es que estoy orgullosa. Mi niña ya es una mujer.

Quedaron en que Sofía llegaría al instituto para la ceremonia, mientras Lucía iba antes con sus amigos. Javier aparecería justo a tiempo.

El salón de actos estaba irreconocible globos, flores, un photocall con la fecha de la promoción. Todo como había planeado el AMPA. Sofía respiró aliviada al comprobar que, incluso sin mariposas, el lugar era perfecto.

Los padres fueron ocupando sus asientos. Sofía dejó un sitio libre para Javier, mirando cada dos segundos hacia la puerta. Faltaban quince minutos, y él no aparecía.

Llamó a su móvil timbraba, pero no respondía. Envió un mensaje: *”Empieza. ¿Dónde estás?”*. La respuesta llegó al instante: *”Llegando en 10 minutos.”*

La ceremonia comenzó. El director pronunció su discurso, los alumnos subían uno a uno a por sus diplomas. Cuando llamaron a Lucía, Sofía estiró el cuello buscando a Javier y entonces lo vio.

Estaba al fondo, junto a una mujer rubia con vestido rojo. Algo le susurró al oído, y él sonrió esa sonrisa que antes solo reservaba para su familia.

El suelo pareció hundirse bajo los pies de Sofía. Ahí estaba la respuesta. Las tardes de trabajo, las llamadas misteriosas, los mensajes borrados. Tenía a alguien más. ¿Y se atrevía a traerla a la graduación de su propia hija?

Lucía, con su diploma en mano, buscó a sus padres. Al ver a su madre, agitó la mano; luego miró hacia su padre y también sonrió. La rubia, al parecer, pasó desapercibida.

La ceremonia continuó, pero Sofía ya no escuchaba nada. *”¿Cómo puede hacer esto? ¿Cómo?”* Le ardían las ganas de marcharse, pero por Lucía aguantó.

Tras el acto, llegó el cóctel. Sofía aplaudía mecánicamente, evitando mirar hacia Javier, pero sus ojos traicioneros lo encontraban inclinándose hacia la rubia, riendo juntos, su mano rozando la suya.

En el descanso, buscó a Lucía. Su hija, rodeada de amigos, estaba radiante.

¡Mamá! ¡Lo conseguí! ¡Matrícula de honor!

Claro que sí, cariño forzó una sonrisa. Papá también está aquí, ¿lo has visto?

Sí, me ha saludado. ¿Dónde está ahora?

No sé respondió con voz neutra. Hablando con alguien, supongo.

En ese momento, Javier se acercó solo.

¡Enhorabuena, princesa! la levantó en un abrazo. ¡Qué orgullo!

¡Papá, bájame! se rio Lucía, aunque se notaba que disfrutaba del gesto.

Sofía los observó en silencio. ¿Qué hacer? ¿Montar una escena aquí? ¿Fingir que no había visto nada?

Hola Javier se volvió hacia ella, besándole la mejilla. Perdona por llegar tarde. No pude salir antes.

Ya lo vi respondió helada. Vi cómo entrabas.

Su tono lo alertó.

¿Pasa algo?

Todo bien desvió la mirada. Hablamos luego.

Los amigos de Lucía la reclamaron, dejándolos solos en medio del bullicio.

En serio, ¿qué ocurre? Javier le cogió la

Rate article
Add a comment

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

three + nine =