ARCHIE… EL QUE ES UN ÁNGEL…

**Mi diario: El día que conocí a Ángel**

*”Y yo te coroné Y a nadie te entregué Y como pude, te hice feliz Y te besé Te besé Te besé”*

Víctor volaba sobre las alas del amor, conduciendo su fiel *golondrina*su cochede vuelta a casa, hacia su adorada Mari Carmen, tras tres meses trabajando lejos. Los billetes, frescos en el bolsillo interior de su chaqueta, le daban una calidez reconfortante. Su alma cantaba, impaciente por reencontrarse con su amor. Ya olía a primavera, y la brisa acariciaba su rostro mientras la canción seguía repitiendo: *”Y yo te coroné”*

Al cruzar un pequeño puente, vio de reojo a un perro atrapado bajo el hielo del río. Se debatía con las pocas fuerzas que le quedaban, pero estaba claro que llevaba tiempo allí, agotado. *”Y te besé Te besé”*la melodía lo llamaba de vuelta a los brazos de su esposa. *”Pobre animal”*, pensó Víctor, y siguió su camino.

El rostro de Mari Carmen, la primavera, el amor y ese pobre perro en su prisión helada. *¡Maldita sea!* Víctor maldijo, giró el coche y regresó.

Se detuvo junto al puente, se desvistió y se adentró en el agua. Nadó, rompiendo el hielo con las manos, que quedaron marcadas por cortes. Pero llegó hasta el perro, lo empujó hacia la orilla y lo ayudó a salir. El animal era enorme, y el hielo primaveral, demasiado frágil. Sin Víctor, no habría tenido oportunidad.

La sangre brotaba de sus heridas. Tiritando de frío, se vistió rápidamente y por fin miró a su salvado: un labrador beige, huesudo, que lo observaba sin intención de marcharse.

¡Eh, chaval! Eres de raza, ¿cómo acabaste aquí? ¿Dónde está tu dueño? El perro temblaba, exhausto.

Víctor abrió la puerta del coche: Sube, amigo. Vamos a casa.

El perro saltó al asiento trasero y se acomodó. *Iba a casa.*

El atardecer teñía el cielo cuando, al acercarse a la ciudad, Víctor encontró un atasco. Un accidente: un camión y dos turismos. Policías, ambulancias Una sensación de inquietud lo invadió. Miró hacia atrás: en el asiento, el perro roncaba plácidamente, ya seco y caliente. *”Si no hubiera vuelto por él”* La idea lo estremeció.

¡Mari Carmen, mi sol! Víctor la levantó en brazos en cuanto cruzó la puerta, besándola sin parar. Mientras, el perro esperaba en silencio, *sonriendo*. Casa. Un hogar nuevo. Una vida nueva. Ya amaba a aquella mujer menuda en su bata floreada, el aroma del cocido y las croquetas. Y a Víctor lo había elegido desde el momento en que lo salvó.

¿Y este quién es? preguntó Mari Carmen, mirando al animal.

Es nuestro Ángel. Se llama Archie. Es de la familia ahora.

Mari Carmen se arrodilló y le tendió la mano. Archie la olió, la lamió y en un arrebato, le cubrió la cara de babas.

Así llegó a sus vidas. *Archie.* También llamado *Hipopótamo* cuando destrozaba las zapatillas. *”¡Puñetero, otra vez has dejado hecho un lío al gato!”* Pero sobre todo, su tesoro, su amor, su Ángel.

Vivían en una casa heredada, grande y acogedora, en el centro de Zaragoza. Para Archie construyeron un amplio corral con una caseta abrigada, aunque en invierno dormía en su colchón, en la entrada.

La vida seguía. Víctor trabajaba fuera, pues en el pueblo no había más que sueldos miserables. Mari Carmen se quedaba, pero ya no sola: con Archie y con un secreto. Su vientre redondeado delataba que pronto serían tres. Aún no se lo había dicho.

Era una tarde sofocante de verano. Mari Carmen salió a pasear con Archie antes de dormir. Caminaban lentamente por la arboledael calor ahogaba hasta a un perro viejo y a una embarazada. De pronto, risas y música estridente los sobresaltaron.

¡Oye, guapa! ¿Te apetece divertirte? Dos jóvenes ebrios se acercaron. Uno le agarró el brazo.

Archie llevaba bozal. *”No puede ayudarme”*, pensó ella, arrepentida. Pero cuando la arrastraron, soltó la correa.

Los jóvenes sacaron un cuchillo. Archie saltó sobre ellos. Y ellos lo apuñalaron. Una y otra vez. Mari Carmen gritaba, suplicaba, hasta que Archie cayó, sin vida.

*”Y yo te coroné”* Víctor recibió la llamada al llegar a casa: ¡Vete al veterinario! ¡Archie se muere!

Lo encontró pequeño, frágil, conectado a sueros. Los veterinarios susurraban. Víctor se acercó:

Archie, hijo No nos dejes.

Y lo besó en el hocico. Entonces, el perro entreabrió los ojos. *Quería vivir.*

Volvió a casa y les regaló cinco años más. Jugó con el pequeño Juanito, les colmó de amor Y cuando llegó su hora, lo despidieron entre lágrimas. Juanito, serio, anunció: Ahora necesitamos otro Archie.

El amor obra milagros. Ámense. Cuiden a los animales. Nunca sabes quién serás en la próxima vida ¿Un Archie ahogándose en el hielo? Quizá ese animal que salvaste sea un ángel, enviado para protegerte.

Rate article
Add a comment

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

fifteen − 10 =