Todos en contra, pero el amor puede con todo
Papá, mamá, hoy voy a venir a casa con Jaime, quiero que le conozcáis anunció durante el desayuno Jimena, que estudiaba segundo de carrera.
Hija, ¿también estudia contigo? preguntó su madre, Carmen Isabel, mientras su padre, Fernando Alonso, escuchaba atento.
No, Jaime estudia en un ciclo formativo es futuro mecánico
Pero Jimena, ¿qué es eso de ciclo formativo? ¡¿Para qué te juntas con uno de FP?! Que eso es como lo que antes era la formación profesional Tu padre y yo queremos que nuestro yerno sea médico o, como mínimo, informático, que ahí la nómina no está nada mal Nosotros somos padres de éxito y te damos, como hija única, todo lo que pides. Tu padre es dentista, yo soy jefa de contabilidad Y tu Jaime, ¿va a pasarse la vida lleno de grasa y manchurrones?
Vale, vale, me voy ya. ¡Gracias, mamá, por el desayuno! Jimena salió disparada de la cocina, dejando a sus padres con la tostada a medio masticar.
¿Y tú qué opinas, Fer? bramó Carmen Isabel. Nuestra única hija
Fernando soltó un suspiro y encogió los hombros.
Esa tarde, Carmen y Fernando esperaban en casa. La hija, avisando desde el desayuno que llegaría con compañía, no les pilló por sorpresa. La puerta se abrió, Jimena entró exultante, de la mano de un chico alto, con rizos morenos y ojos azules para perder el barco.
Por lo menos pinta bien pensó la madre, pero lo demás
Él es Jaime presentó Jimena; él, educado, saludó con un leve gesto de cabeza.
Buenas tardes.
Carmen les llevó al salón, y sin siquiera sentarse del todo, la hija largó:
Mamá, papá, Jaime y yo hemos decidido casarnos y ya hemos entregado los papeles en el registro civil. Pronto habrá boda.
Se podía cortar el aire. El silencio, como el jamón del bueno.
Será una broma, Jimenita balbuceó la madre, blanca como el papel.
No es ninguna broma respondió Jimena, firme como una fiscal, y Jaime en modo decorado de la sala, sin rechistar.
Pero hija, ¡estás en segundo de carrera! ¿Y si tienes hijos? ¡O ya! templó la voz Carmen, con un amago de ataque de ansiedad.
No, no estoy embarazada zanjó Jimena.
Bueno, Jaime, ¿y tú qué dices? ¿Dónde vais a vivir? ¿Y con qué dinero? aprovechó Carmen, a ver si el chico se enteraba de lo que hay en la vida real.
El novio se quedó como un ciervo ante los faros del coche. Se rascaba la cabeza y parecía sudar confeti.
Bueno podríamos quedarnos en la residencia O, si la cosa va bien, en mi casa, en mi cuarto
¿Tienes tu propio cuarto? ¿Cuántas habitaciones sois?
Pues tres. En una vive mi abuela, en otra mi padre, que trabaja a turnos, y tengo un hermano mayor, trabaja fuera y está ahorrando para comprarse piso.
Carmen se quedó temblando como un flan de huevo. Jimena, ¿tú has estado alguna vez en una residencia con cucarachas y vecinos salidos del botellón? miró de reojo a su hija y luego atravesó a Jaime con la mirada.
Mamá, podemos vivir en casa de Jaime, y luego, cuando acabe la carrera y encuentre curro, pillamos piso con hipoteca.
Carmen tenía para un rato, pero se mordió la lengua al ver las manitas sudorosas de los enamorados. Pensaba: Madre mía, ven la vida en color de rosa y creen que el amor lo resuelve todo; no tienen ni idea de lo que es una familia y menos de llegar a fin de mes
Jaime, cuéntanos algo de tu familia intervino, por fin, Fernando Alonso.
Pues mi familia como todas Bueno, mi madre murió hace diez años Me ha criado más mi abuela porque mi padre se bebe la vida y trabaja en la construcción. Mi hermano mayor también es albañil, aún no se ha casado. Mi abuela fue maestra de infantil.
Vamos pensó Carmen, la abuela seguro que es la única persona normal ahí dentro.
Tensión otra vez, como el guiso un lunes.
Jaime, ¿y tus padres saben que vas a casarte? interrogó Fernando.
No, lo hemos querido decir primero a vosotros, luego a los míos.
Bueno, tú vete ya a casa y dales la alegría, que aquí tenemos charla para rato sentenció Carmen levantándose, dejando claro que se acabó la función.
Jimena acompañó a Jaime hasta la puerta. Cuando Jaime anunció la boda en su casa, el hermano mayor gruñó:
Pero tú eres tonto, ¿qué necesidad tienes? ¿Quién se casa con diecinueve años? ¿Y la mili? Porque después de FP te va a tocar
¿Y la chavala esa, quién es? preguntó el padre, con más vino que sangre. ¿Estudia o anda por ahí?
Jimena, está en magisterio contestó Jaime inflando el pecho.
Vaya, futura profe Lo que me faltaba, lo próximo una bailarina el hermano y el padre se rieron y Jaime agachó la cabeza.
¿Y de qué vais a vivir, pareja de estudiantes? el padre masculló pero Jaime optó por el tradicional silencio adolescente.
Cerró la puerta, encendió el ordenador y, al rato, entró la abuela.
Jaime, no escuches a nadie. Si os queréis, casaos. Pero si los padres de ella tienen dinero, igual no les hace gracia un yerno sin blanca. Las chicas de ahora solo buscan marido con posibles Aunque tú eres un cabezón y lo que quieres lo consigues. Yo estoy contigo.
Entró el hermano, mirando curioso.
Por cierto, ¿qué hacen los padres de tu novia?
El padre es dentista y la madre jefa de contabilidad dijo Jaime.
El hermano casi le da un ictus: En fin, Jaime, deja de decir bobadas. No te cases aún. Acaba el curso, haz la mili, y luego te pones a currar y te montas una boda de las buenas.
Mientras tanto en casa de Jimena, los ánimos hervían.
Hija, vas a tener carrera y tu novio no debe haber leído ni el Marca en su vida
¡Mamá, no ofendas a Jaime! saltó Jimena.
El padre no pudo más.
Venga, chicas, mañana será otro día. A la cama, que esto requiere reflexión.
Esa noche nadie pegó ojo. Carmen suspiraba, Fernando no dejaba de dar vueltas y Jimena miraba la luz de la luna colándose por la persiana, hecha un lío: Quiero a Jaime y quiero casarme, pero tampoco quiero que mamá sufra. Ella es lo más importante que tengo Pero Jaime es tan bueno, de verdad, sencillo, divertido. Cuando me coge la mano o me abraza me late el corazón a mil.
A la mañana siguiente, Jaime esperaba a Jimena en la facultad y, al verla, corrió hacia ella. Se abrazaron como si hubieran estado diez años sin verse.
Jimena, ¿te cayó bronca ayer en casa?
Casi me peleo con mamá, pero papá nos separó a tiempo. ¿Y tú, qué tal?
Fatal reconoció Jaime, igual que tú.
¿Y ahora qué, nos echamos atrás?
Ni de broma dijo Jaime decidido. He pensado que mañana empiezo en el taller de un colega. Soy bueno con los coches, así que por lo menos saco algo de pasta. Nos alquilamos un pisito y a ver si vuestras familias lo aceptan. Eso sí
¿Sí, qué?
Que no habrá dinero para boda por todo lo alto. Y yo sé que quieres tu vestido blanco
Pues no hay vestido y no pasa nada, nos casamos, firmamos y ya lo celebramos a nuestra manera.
¿De verdad? preguntó él, con la boca abierta.
Claro. Yo me caso contigo aunque tengamos que comer bocata de calamares en la plaza.
Ay, Jimena, que te como de lo que te quiero, ¡vamos a por un café!
Y así fue como Jimena y Jaime se casaron. Porque la hija se mantuvo firme y los padres, al final, cedieron. La boda, muy mona, fue en un bar de barrio. Jimena llevaba vestido blanco, Jaime con un traje por fin planchado. No hubo mucha gente, pero estaban más felices que la primera vez que España ganó el Mundial.
Eso sí, el padre de Jaime acabó piripi, el hermano ni apareció, y la abuela sonreía a los recién casados como si no existiera nada más. Carmen no disimulaba su disgusto, mientras Fernando intentaba animar el ambiente.
Al fin y al cabo, todos estaban en contra de esa boda. Pero el amor, ya se sabe, siempre gana.






