Se suele decir que los hombres valoran sobre todo el físico de las mujeres. Eso supondría que la mujer ideal debería ser alta, de piernas largas, rubia, siempre sonriente y alegre. Pero, ¿es así realmente? Por supuesto, el aspecto es lo primero que llama la atención, pero no es, ni de lejos, lo más importante.
Tenía un amigo que se llamaba Javier. Trabajábamos juntos en la misma empresa en Madrid. Un día llegó una compañera nueva. Parecía sacada de una portada de revista, una especie de Claudia Schiffer a la española: piernas interminables, sonrisa deslumbrante, figura espectacular. Javier quedó embelesado con ella desde el primer momento.
Luego me di cuenta de que también ella se interesaba por Javier. Un día apareció en la oficina con un bolso enorme. Por supuesto, Javier no pudo evitar preguntarle si necesitaba ayuda para llevarlo hasta su casa. Ella le dijo que sí, encantada. Javier estaba convencido de que había tenido suerte. Pero, una hora después, al salir del trabajo, me llamó totalmente angustiado.
Resulta que, al entrar en el piso de esta casi modelo, se quedó en shock. El olor era insoportable, como si algo se hubiera muerto allí dentro. Seguramente hacía meses que no sacaban la basura. Todo estaba desparramado por todas partes, con comida podrida en el suelo e incluso entre las sábanas. Había hasta gusanos arrastrándose por la mesa.
Javier estuvo a punto de vomitar. Para la chica, sin embargo, aquello era lo más normal del mundo. Al final, Javier me confesó que ya no creía en la belleza de ella. Lo más importante en una mujer es la limpieza y el cuidado de la casa, mucho más que cualquier apariencia.







