Tras el divorcio, el padre indigna a su hija

Mi hija y yo vivimos gracias a la pensión alimenticia que manda su padre biológico. De hecho, que no pueda encontrar trabajo es en gran parte culpa de mi exmarido, porque hace todo lo posible para asegurarse de que nadie me contrate en ningún sitio. Y si, por algún milagro, consigo un empleo, a los pocos días me despiden sin avisar, sin tener siquiera la decencia de explicarme nada. Yo ya me doy cuenta de todo.

Todos mis problemas empezaron el día que decidí pedir el divorcio. Sencillamente, no podía aguantar más a ese hombre. Yo quería acabar bien, como gente civilizada, pero ni hablar: mi ex se aferró al matrimonio como un pulpo a la roca.

Nada más divorciarme, agarré a mi hija y me fui con mis padres, a Madrid, claro. Mientras mi madre se entretenía haciendo croquetas con su nieta, yo me lanzaba a la odisea de buscar trabajo. Pero claro, con mi experiencia limitada solo había sido cajera antes el panorama era desolador. No sabía hacer gran cosa, la verdad. Y mi ex, que es gerente de una conocida cadena de supermercados, se encargaba de tirar de contactos para que nadie me contratase, por si acaso su sombra no me perseguía ya lo suficiente.

Ni en un supermercado de barrio de Vallecas me cogían. Y para colmo, cuando por fin conseguía un trabajo de auxiliar, a la semana me estaban despidiendo. Sin explicaciones. Y mi ex, erre que erre con una sonrisa de chulo madrileño, jurando que él no tenía nada que ver, que si me echan es porque soy inculta e inútil (palabras suyas). Eso sí, la pensión que pasa con su sueldazo da justito para pagar la luz, los huevos y el ColaCao de la niña, y poco más. Entre la pensión de mi madre y la pensión alimenticia de mi ex nos llega para sobrevivir, pero no para irnos de tapeo, desde luego.

Y como si fuera poco, cada vez que el muy señor viene a ver a la niña, aprovecha para dejarme a la altura del betún. A la pobre le cuenta que mami es tonta y mala, y por eso nos toca vivir en la miseria, sin juguetes y con lentejas tres veces por semana, y que él, su papá, sufre mucho por verla así.

Claro, después le suelta un buen fajo de euros a la cría y se larga, tan pancho. Al principio pensé que no pasaba nada, pero mi hija aún es pequeña y empieza a preguntar por qué papá tiene dinero y mamá no. El otro día me suelta: Mamá, yo quiero vivir con papá, que me compra todo y es bueno, y tú eres una bruja mala, así que quiero irme con él. Y claro, para qué vamos a mentir, se me rompió el alma.

No sé cuánto más podré aguantar así, porque ya voy por la calle de la amargura. Menos mal que mi madre me anima y me dice que todo se arreglará, pero yo no lo tengo tan claro. El ex conoce todas mis debilidades y las usa para amargarme aún más la vida. Ni idea de cómo seguir adelante, la verdad, pero aquí estoy, resistiendo como una castiza más.

Rate article
Add a comment

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

eighteen + 14 =