Cuando Clara llega a la guardería para recoger a su hijo, este corre a abrazarla al cuello y le susurra apasionado al oído:
Mamá, mamá, ¿y si nos llevamos a la abuela de Mateo a casa?
¿Cómo? ¿Qué abuela? ¿De qué hablas? Clara no entiende nada y se apresura. Venga, ponte la chaqueta, tu padre nos espera en el coche.
¡Esa abuela! Pablo señala con el dedo a una señora mayor que sale despacio, cogiendo de la mano a un niño. La de Mateo, te lo digo.
No digas tonterías. Es la abuela de otro niño.
¡¿Y qué?! protesta el niño con tono lastimero. Pídeselo, dile que sea también mi abuela. Por favor.
Tienes a tus propias abuelas. No una, sino dos. ¿Para qué quieres más? Venga, deja de soñar y ponte los pantalones.
Jo, mamá Pablo pone cara triste y empieza a subirse los pantalones gruesos. Mis abuelas no son abuelas de verdad. La de Mateo sí que es de verdad.
¿Por qué dices que no son de verdad? Clara esboza una sonrisa insegura. Lo son, claro. Son nuestras madres, hijo, no esa otra señora.
Da igual Pablo la mira con desesperanza. Por ser madres no se han hecho abuelas.
¿Cómo que no? ¡Claro que sí! Si tú eres nuestro hijo, por lógica nuestras madres son tus abuelas.
Pues yo no quiero que sean por lógica. Quiero que sean de verdad insiste el niño.
¿Y cómo es una abuela de verdad?…
Como la de Mateo.
¿Y en qué es diferente la abuela de Mateo a tus abuelas? No te entiendo, Pablo.
La de Mateo deja que la llame “¡abuela!” bien alto empieza a explicar Pablo. Una de las mías me dice que la llame simplemente Carmen, y la otra se enfada si le grito ¡abuela! en el parque.
¿Te regaña?
Sí confirma Pablo con expresión seria. Dice que todavía es joven, que no le haga pasar vergüenza delante de los vecinos.
¿Eso lo dice mi madre?
Sí, y además dijo que siempre le dejas el marrón de cuidarme. Y la de Mateo dice que él es lo mejor que le ha pasado en la vida. Yo también quiero ser lo mejor para alguien.
No me lo creo Clara mira a Pablo con desazón, y le dice más suave. Anda, termina de ponerte el abrigo, que si no papá se impacienta. ¿Y Carmen, también te regaña si la llamas abuela?
No me regaña Pablo niega con ceño fruncido. Simplemente no me contesta si la llamo así. Pero si le digo “Carmen”, me dice que soy un sol, que así se hace. Y, mamá, ¿por qué mis abuelas no saben cocinar cosas ricas de verdad?
¿Cómo? Clara lo mira asombrada. ¿No te dan de comer bien cuando te quedas con ellas?
No responde Pablo tajante. Nada bien.
Eso no es cierto. Siempre te preparan lo mejor. He visto cómo te cuidan.
Ya resopla el niño. Siempre lo mismo: jamón york, croquetas de bolsa, ensalada ¿Eso es lo mejor?
¿Y qué te gustaría comer tú?
Tortitas.
¿Tortitas?
Sí. O buñuelos. Hoy, la abuela de Mateo le decía que al llegar a casa le iba a hacer buñuelos calentitos, con nata y mermelada. Le recordaba cómo en verano hacían juntos la mermelada Y yo con mis abuelas nunca he hecho mermelada ni nada de eso.
Ay, Pablito Clara mira con ternura a su hijo. ¿Quieres que esta tarde tomemos merienda con mermelada? Paramos en Mercadona y compramos.
Da igual, la de la tienda no sabe igual
¿Cómo lo sabes?
Porque ya se lo pedí a mis abuelas y siempre compran, pero no es lo mismo.
¿Y probaste a pedirles que te cocinen buñuelos?
Sí Pablo termina de abrocharse la chaqueta con tristeza. Dicen que da mucha pereza. Prefieren llevarme a la cafetería. Hay tortitas allí, pero siempre frías y el sirope empalaga mucho. Y la abuela de Mateo dice que lo mejor del mundo son los buñuelos recién hechos en casa.
Uf, sí dice Clara con dieciséis de nostalgia y toma a su hijo de la mano saliendo de la guardería. Lo mejor Yo también recuerdo cómo mi abuela me preparaba esas meriendas
En el camino al coche, donde les espera el padre de Pablo, Clara marca el número de su amiga por el móvil:
Sonia, ¿estás en casa? pregunta con voz culpable.
Sí responde su amiga.
Te tengo que pedir un favor, pero no te rías.
¿Qué pasa?
Siempre dices que tus buñuelos son los mejores y que tu hijo no deja ni uno.
¿Y?
¿Me das la receta de la masa?… Al oír la risa de Sonia, Clara suplica: ¡Te dije que no te rieras! Lo necesito de verdad.
Ven mejor a casa y te explico cómo se hacen.
¿Ahora?
¡Ahora mismo!
No puedo, acabo de recoger a Pablo de la guardería, y el padre nos espera fuera.
Pues venid los tres. Así tu chico conoce al mío. Os espero. Y Sonia corta la llamada.
Al día siguiente, Clara habla con su madre y le propone aprender juntas a hacer buñuelos. La madre protesta, dice que las mujeres mayores de hoy tienen mil cosas, que no hay tiempo, pero Clara se pone seria:
Mamá, si te estorbamos en la vida, no volveré a traerte a Pablo. ¿Sabes qué diferencia a una abuela de verdad de una que no lo es? ¿Por qué nunca haces mermelada en verano? ¡Si ya tienes nieto!
La madre iba a replicar, pero al ver la firmeza en los ojos de su hija, guarda silencio. Por si acaso.
Cuando Vera fue a recoger a su hijo de la guardería, él se lanzó a sus brazos y le susurró apasionadamente al oído:







