Embarazo de cinco a seis semanas —dijo la doctora mientras dejaba el instrumental en la bandeja y se quitaba los guantes de látex……….⚘

Embarazo de cinco, quizá seis semanas murmuró la doctora, dejando el ecógrafo en la bandeja de acero y quitándose los guantes con gesto cansado.
¿Vas a seguir adelante?

Isabel guardó silencio.

Cuarenta y dos años, sería su cuarto hijo, uno que en realidad no buscaba. Apenas llegaban a fin de mes, arrastrándose de nómina en nómina, contando los euros uno a uno. Los mayores aún estudiaban, la más pequeña apenas iba a empezar el colegio, y hacía falta todo: el uniforme azul marino, blusas nuevas, una cartera decente Y ni hablar de los libros y cuadernos. Y ahora, esto

Lo consultaré con Javier, decidió interiormente. A ver qué opina él.

Hoy he ido a la consulta anunció Isabel durante la cena.

Sí, estoy embarazada. Seis semanas.

Javier dejó de masticar y posó el tenedor a un lado.

Pues qué le vamos a hacer, adelante. Será perfecto: dos niñas, dos niños. La familia completa.

¿Completa? ¿Y de qué vamos a vivir, dime? respondió ella, tensa.

Le enumeró los gastos de los mayores, las necesidades de la pequeña que todo lo requería nuevo, y cada palabra enterraba más profundo esa absurda idea de que, en tales circunstancias y a esa edad, ser madre de nuevo fuera sensato.

Voy a hacerme las pruebas para abortar.

Cuando ya todo estaba hecho, Isabel se sintió desfallecer. Le daba una pena infinita aquel ser diminuto, creciendo en su vientre. Imaginaba una niña rubiecita, de cara vivaracha, traviesa, hermosa.

Una mañana, camino de la consulta en un tranvía de Valladolid y luchando contra la marea de cuerpos apretados, perdió pie al bajar y, de golpe, se le soltó una correa. Tardó en darse cuenta: era la del bolso. Ladrones, con navaja, se lo habían llevado. Dentro iban todos los euros justos para el mes y los resultados de los análisis.

No le quedó otra que regresar a casa derrotada. Tuvo que repetir algunas pruebas, otras logró recuperarlas tras mucho peregrinar por ventanillas.

La segunda vez, al bajar del autobús, Isabel resbaló y se torció el tobillo.

Como tenga que ir una tercera vez acabo rompiéndome el cuello pensó, sobrecogida por una superstición fría.

Entonces lo decidió: este hijo nacería. Y encontró quietud en su pecho.

El embarazo fue bien; pronto supieron que sería una niña. Pero en la segunda ecografía se desató la tormenta: la ginecóloga sospechó síndrome de Down.

Debes hacerte la amniocentesis explicó, firmando papeles. Ten en cuenta que es arriesgado para el feto: puede provocar aborto o infecciones.

Isabel lo meditó y, al final, aceptó.

El día señalado, Javier la acompañó a la consulta. Esperó fuera mientras ella, con las piernas de trapo, entraba al despacho. La médica midió el latido del feto: disparado.

Vamos a esperar decidió. Pondremos un poco de magnesio.

Lo hicieron y enviaron a Isabel al pasillo para tranquilizarse.

Al cabo de un rato, la llamaron de nuevo. El latido era normal, pero la niña se había girado de espaldas: así no podían extraer líquido.

Volvamos a esperar propuso otra vez la médica. Quizá se gire.

A la tercera vez, todo fue óptimo: la pequeña de Isabel miraba de frente y el corazón latía sereno.

Prepararon todo. El calor de junio apretaba en Valladolid, así que la ventana quedaba abierta de par en par, en busca de un poco de corriente. La enfermera tomaba la bandeja esterilizada cuando, de pronto, irrumpió una paloma, asustada, golpeando persianas, alas contra la gente y la mesa. El instrumental cayó y tintineó por el suelo.

De nuevo la mandaron al pasillo, mientras atrapaban al ave y esterilizaban nuevos materiales.

¿Qué pasa ahí dentro? preguntó Javier, tenso.

Una paloma se ha colado y ha montado un lío.

Isabel esto es una señal.

Mejor nos vamos a casa, ¿no?

Y así lo hicieron.

A su tiempo, Isabel trajo al mundo a una niña.

Ahora tiene diez años.

Rubiecita, preciosa, traviesa, y llena de vida.

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Embarazo de cinco a seis semanas —dijo la doctora mientras dejaba el instrumental en la bandeja y se quitaba los guantes de látex……….⚘
Un niño sube a un tren descalzo, y a los minutos un extraño protagonista hace algo que sorprende a todos.