Hoy me ha visitado una amiga que vive justo al lado de mi casa. Nos sentamos a tomar un té juntas. Ella trajo unas pastas deliciosas. Se llama Carmen, y me contó una historia de esas que te dejan con el alma revuelta, vamos, que cualquier persona normal se sentiría indignada. Te la cuento tal y como ella me la contó.
Tengo un hijo y una hija. La vida de mi hijo ha ido siempre sobre ruedas: una esposa que le quiere con locura, niños preciosos y estabilidad económica. Pero mi hija no ha tenido tanta suerte. Al principio parecía que todo iba bien. Ella y su marido querían formar una familia, ampliar la casa y vivir felices muchos años. Como aún no tenían niños, ahorraban todo lo posible para comprarse una casa. No querían un piso, sino una casa con jardín, para poder plantar sus verduras, frutas y flores.
Pasaron dos años y, aunque habían reunido algo de dinero, todavía les faltaba para dar el paso y comprar su casa. Justo entonces, mi hija se enteró de que estaba embarazada. Decidieron prepararse para la llegada del bebé. Pero nada más dar a luz, el marido de mi hija perdió el trabajo por un recorte de personal.
Y lo curioso es que él no parecía muy preocupado. Decía que tenían unos ahorros y que podrían vivir de eso. Que mientras tanto iba a descansar, recargar pilas y luego buscar un trabajo.
Una semana más tarde, el marido de mi hija empezó, supuestamente, a buscar trabajo. Por lo menos eso decía. Durante ese tiempo, mi hija se encargaba del bebé, cocinaba, lavaba la ropa, limpiaba… y él se pasaba el día sentado delante del portátil.
Fue a algunas entrevistas de trabajo o al menos eso le contaba a mi hija pero siempre volvía diciendo que ninguna era buena, que no iba a trabajar por cuatro duros. Y así lleva ya tres años sin trabajar. El dinero que tenían ahorrado se les ha ido en gastos de la casa y del día a día. Lo de comprar una casa ya ni se plantea.
Mi hija ahora teletrabaja, mientras cuida del niño, y el marido sigue sin ayudarla en nada, pasando el día frente al ordenador, supuestamente buscando empleo. Encima se queja:
¿Otra vez sopa para comer? ¿No podrías haber hecho un pollo al horno?
Mi hija aguanta porque dice que no quiere que su hijo crezca sin padre. Que aunque todo, su marido quiere al niño.
Yo de verdad no entiendo qué clase de amor es ese, si el padre ni siquiera es capaz de ganar lo necesario para comprar pañales y leche. ¿O quizá estoy equivocada? ¿Qué harán cuando se les acabe el dinero? Para colmo, mi yerno tiene 33 años…







