¡Un perro hambriento corrió tras un coche durante dos paradas, con la esperanza de encontrar nuevos dueños! El conductor no pudo contenerse y detuvo el vehículo.

Antonio prefiere la pesca de verano, pero también sale un par de veces en invierno. Como él dice, «a congelarse un rato». No trae mucho pescado, pero al menos tiene para un caldo y sobra para los gatos del barrio.

Ahora Antonio comprueba que el hielo del lago ya está firme y se prepara para otra salida. Por la mañana, con cuidado, coge el equipo de pesca, saca los bocadillos de la nevera y sale de puntillas al patio: su mujer, Cristina, y los niños, Pablo y Laura, aún están en el séptimo sueño.

En el lago tampoco hay nadie. Parece que hasta los pescadores más entusiastas prefieren pasar las vacaciones de Año Nuevo en casa con turrones y roscón, no en el frío. A Antonio no le importa en absoluto.

—Así me toca más pescado a mí —piensa, y se pone a preparar las cañas sin prisa.

Más o menos en ese momento nota un movimiento cerca de la orilla. Un perrazo grande y peludo sale con cuidado al hielo y mira fijamente a Antonio. Todo indica que el animal ha pasado mucho tiempo en el monte: aspecto desaliñado, costillas marcadas, mirada cautelosa.

El perro se acerca despacio a Antonio, moviendo un poco el rabo, como para dejar claro que no hay agresividad. Antonio ya sabe que, probablemente, el perro fue doméstico: uno salvaje habría salido corriendo sin intentar conocerse.

El perro observa atento la faena de pesca. Se alegra especialmente cada vez que Antonio saca un pez del agujero. El animal salta y mueve la cola, como celebrando el éxito del pescador.

Los bocadillos se reparten a medias: menos mal que Cristina preparó de sobra. Hacia el final de la comida, el perro se anima y husmea el termo de café. Pero la bebida no le gusta.

El apuro llega cuando Antonio empieza a recoger para volver a casa. El perro no tiene intención de irse y da vueltas alrededor del coche. Antonio duda: no entraba en sus planes llevar a casa un perro adulto.

Cuando el coche arranca, el perrazo echa a andar detrás, no por la carretera, sino por el arcén, hundiendo las patas en la nieve.

Antonio al principio se da la vuelta, luego mira el camino con el ceño fruncido, pero al cabo de unos minutos no puede aguantar y vuelve a mirar. El perro, aunque flaco, no se queda atrás. Antonio suspira y frena.

A la vuelta lo espera toda la familia: los niños y Cristina acaban de desayunar y han salido a hacer un muñeco de nieve.

—¿Qué tal, buena pesca hoy? —sonríe Cristina.

—Pescado no mucho. Pero vaya pieza que me ha caído —ríe Antonio, y abre la puerta trasera del coche. El perro baja con timidez y mueve la cola…

Un par de semanas después, ya no hay duda de si quedarse con él. El perro, que recibe el curioso nombre de Salmón, se ha instalado en el patio y hasta deja que los niños se suban a lomos. El veterinario confirma que está sano, solo desnutrido. Pero eso se arregla con la comida de la casa…

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¡Un perro hambriento corrió tras un coche durante dos paradas, con la esperanza de encontrar nuevos dueños! El conductor no pudo contenerse y detuvo el vehículo.
HASTA QUE SEA DEMASIADO TARDE