Estoy en tercero de carrera y no puedo trabajar más que a media jornada, mi novio tampoco. Desde pri…

Estoy en tercero de carrera y no puedo trabajar más de media jornada, y mi novio tampoco. Desde primero ha estado viviendo en una residencia universitaria, compartiendo habitación con otros cinco chicos. Por supuesto, aquello no le entusiasmaba: es de esas personas exageradamente pulcras y ordenadas, y sus compañeros de piso, digamos, no creen en el poder de la fregona. Vamos, que el diálogo fluye tan bien como las tareas de limpieza.

En cuanto nuestras cosas se pusieron más serias, le propuse que se viniera a vivir conmigo y con mi padre. Nos sobraba espacio en nuestro piso de tres habitaciones y sólo en invierno venía mi abuela desde el pueblo durante un par de meses hasta que el frío aflojaba.

A mi padre no es que le hiciera especial ilusión, pero conseguí convencerle. Yo adoro a Sergio sí, Sergio, que aquí Radek ni suena español en la tele y quería evitarle una convivencia más propia de un reality cutre que de la vida universitaria. Así que mi novio se instaló en casa. Iba a la uni, trabajaba las horas que le permitían las leyes y, cuando tenía un rato de respiro, se tumbaba en el sofá y disfrutaba de su oasis doméstico. Y, claro, esto último no le hacía ninguna gracia a mi padre.

Cada vez que entro por la puerta, tu Sergio está tirado en el sofá, las piernas sobre la mesa, se ha pulido todas las Coca-Colas del frigorífico y está a punto de romper el mando viendo la tele.

Por si fuera poco, lo mismo se está limando las uñas en el salón que haciéndose un cambio de peinado porque «ha salido de moda». Y tú, para colmo, le sueltas euros como si fueran caramelos en la Cabalgata. ¡Esto no es un hombre, hija!

Para mi padre, él es un vago y un vividor, y no pierde oportunidad de intentar que le pague alquiler. Pero Sergio sigue pagando por su habitación de la residencia teme que en cualquier momento mi padre venza y le eche de casa así que va cada mes con un pie en cada sitio: paga por dos techos y el saldo de su cuenta bancaria da más pena que el iPhone de tu abuelo. Yo, la verdad, no puedo culparle. Los dos somos jóvenes y eso de forrarse parece aún ciencia ficción.

Me encantaría que mi padre lo entendiese y dejara de meterle tanta caña. Sergio siempre está buscando la ocasión para escaparse de casa y yo ya no sé si preocuparme más porque conozca a otra chica y decida irse por patas, o porque se quede y se convierta en uno más de la familia como mi abuela con su maleta de ruedas.

Yo no podría soportarlo si él se va: hace mucho que me robó el corazón y, si algún día me caso, quiero que sea con este desastre dominguero y no que lo pierda por culpa del genio de mi padre.

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Estoy en tercero de carrera y no puedo trabajar más que a media jornada, mi novio tampoco. Desde pri…
Los deseos de mi padre se vuelven cada vez más extraños: tengo la sensación de que no quiere celebrar su cumpleaños con la familia. Cada año me apetece menos celebrar los cumpleaños. Llega un momento en el que te das cuenta de que no te haces adulto, sino mayor, y que la fiesta y los invitados son un gasto innecesario. Cuanto más cumplo, menos sociable me siento, y en mi cumpleaños me basta con una llamada de mis padres para felicitarme, un ramo de flores de mi marido y unas tarjetas dibujadas por mis hijas. En cambio, con mi padre ocurre exactamente lo contrario. Tiene sesenta y siete años, pronto cumplirá sesenta y ocho, pero no quiere celebrar el cumpleaños como en los últimos veinte años: en familia. Tiene amigos en el barrio con quienes le gusta irse de cañas y hablar de sus cosas, y no quiere que sus hijos y nietos vayan a su casa. Al principio, sus deseos consistían en regalos, que si esto, que si lo otro, o pedir dinero. Normalmente cumplíamos sus deseos, pero mi prima no está para muchos gastos, así que rara vez podía hacerle un regalo decente o darle dinero, y ahí mi padre la puso en una situación incómoda, pidiéndole cosas imposibles desde su punto de vista. Incluso cuando algunos invitados avisan que no vendrán, él sigue prefiriendo que dejemos a los nietos en casa, con canguro o solos, porque dice que es mayor, le duele la cabeza y no quiere escuchar ruidos. Y que apenas vea a sus nietos, le da igual. La manía de mi padre con los niños le duele a mi marido. Él ya no quiere ir y yo veo absurdo contratar a alguien para cuidar de los niños solo para ir al dichoso cumpleaños. Puede que sea una tontería, pero ¿y si mi padre simplemente no quiere vernos a todos y se inventa excusas? Si no hay invitados, se irá con sus amigos, dejará a mamá sola y, al final, parece que le molestamos incluso en su propio día.